El accidente de Rodalies en Gelida (Barcelona), hace tres semanas, es mucho más que una tragedia ferroviaria. El choque de un convoy con un muro de la AP-7, que colapsó a su paso, y la gestión posterior es la foto fija de las consecuencias de años de incumplimiento en la inversión del Gobierno central, la falta de coordinación entre Administraciones y la dificultad técnica de poder garantizar un servicio óptimo en el corto plazo. La crisis también da oxígeno a los partidos y entidades independentistas, que intentan convertir la frustración ciudadana en un respaldo a su reivindicación. Con todo, más allá de compartir el diagnóstico y la apuesta por desgastar al Govern, los secesionistas siguen sin aparcar sus diferencias, lejos de la unidad de acción que hizo posible el procés.
La oposición en el Parlament no le ha dado tregua a un Ejecutivo catalán que intenta buscar la salida de su peor crisis en año y medio de andadura. En el caso de las formaciones independentistas, que perdieron la mayoría en las pasadas elecciones, se trata de una oportunidad de oro a nivel político. “Ha caído el pladur que escondía la incompetencia del Govern de Illa”, resumió ayer el portavoz de Junts per Catalunya, Josep Rius, en referencia a cómo la situación ha resquebrajado el discurso socialista de excelencia en la gestión y la apuesta por la colaboración estrecha con el Gobierno central como la vía para desencallar carpetas como la de los problemas en Rodalies.
En 2007, con los socialistas en la presidencia de la Generalitat, el caos ferroviario desatado por las obras de la alta velocidad y la suspensión del servicio desató un malestar ciudadano que logró sacar a 200.000 personas a la calle, bajo el lema Somos una nación y decimos basta. Tenemos derecho a decidir sobre nuestras infraestructuras. Fue una de las primeras estaciones en el camino del procés y de ahí que el independentismo vea la oportunidad.
La ausencia de Illa por su convalecencia, además, añade un elemento de dramatismo a una gestión de crisis llena de clarooscuros y que por lo pronto se ha saldado con una atención a nivel técnico nunca antes vista hacia el estado de la red ferroviaria y dos ceses en Adif y Renfe. “Este Gobierno no entiende otra forma de trabajar que la que le he explicado, que es la de la colaboración y la de las soluciones”, insistió el pasado miércoles el consejero de Presidencia, Albert Dalmau, durante la sesión de control en el Parlament. El independentismo ha conseguido que la punga política vuelva a girar en torno al concepto de la soberanía, si bien todos los actores lo declinan de manera distinta. La mayoría de los reproches apuntan a que la Generalitat hace de pararrayos del Gobierno en la crisis, evitando señalarle. Adif es el responsable de la infraestructura y Renfe es el proveedor del servicio, pero es el Ejecutivo catalán el titular de la competencia.
“Tenemos un problema y se llama España. Hace más de 20 años escuchamos anuncios, promesas y lluvias de millones pero nunca se acaban de solucionar los problemas y por eso decimos basta”, criticó Rius. Desde el partido de Puigdemont piden suspender el traspaso de Rodalies pactado entre los socialistas y los republicanos y ven necesario que Renfe deje de ser el operador del servicio, que creen que debería asumir Ferrocarrils de la Generalitat.
Esquerra, atrapada discursivamente entre el despliegue del traspaso pactado con el PSOE y la crítica al Govern, ve la nueva empresa mixta que lo pilota como una meta volante en la carrera por la soberanía total y pide que se acelere ese acuerdo. “El nombramiento de Òscar Playà al frente de Renfe Cataluña [dirigirá tanto el traspaso como la operativa diaria] es un paso más en el camino de que Cataluña coja la rienda de sus trenes”, dijo la número dos de los republicanos, Elisenda Alemany, que también acusa a Junts de haberse olvidado de los trenes cuando gobernó la Generalitat.
La CUP, por su parte, pide a los dos partidos independentistas mayoritarios “abandonar el pactismo estéril” con el Gobierno central y “apostar por una estrategia de confrontación con el Estado”, según explicó su portavoz nacional, Su Moreno. Aliança Catalana también ve la independencia como la única salida. “La degradación progresiva de cada uno de los servicios públicos del país evidencia que la restitución del Estado catalán ya no es una opción, es una necesidad vital”, apuntó su líder Sílvia Orriols, el pasado miércoles.
El malestar por el mal servicio de Rodalies tendrá este sábado la oportunidad de medirse en la calle. Allí también el independentismo tendrá su termómetro particular, la Assemblea Nacional Catalana y el Consell de la República han convocado una marcha. “Sin nuestros propios recursos y sin la soberanía política eso no cambiará”, aseguró el pasado viernes Lluís Llach, presidente de la Assemblea Nacional Catalana, que presentó la movilización junto a su homólogo del Consell de la República, Jordi Domingo. El acto coincide por fecha con el promovido por las plataformas de usuarios, pero ambas partes no lograron llegar a un acuerdo para fusionarse. “Si la unidad exige excluir hablar de independencia, no es una unidad plena”, apostilló Domingo ante el enfoque más transversal que quiere dar la Red de Plataformas de Usuarios de Tren de Cataluña.
“Hacemos un llamamiento a participar de manera masiva [en las manifestaciones], pero no nos debemos confundir. El liderazgo de las soluciones viene de manso del independentismo, el liderazgo del caos viene de las manos del PP y del PSOE”, pidió Rius. El partido de Puigdemont, como ERC y la CUP, enviarán representantes a ambas manifestaciones y marcan perfil. “Es una manifestación contra la dependencia de España y tenemos que alzar la voz contra un sistema que nos hace dependientes”, defendió el portavoz de Junts. Alamany, por su parte, cree que el centro de la reivindicación debe ser “acelerar el traspaso, para tener más soberanía en Cataluña”. “Sin movilización ni ruptura no habrá soluciones reales ni por Rodalies ni por la crisis estructural que sufre el país”, apostilló la portavoz anticapitalista.
La número dos del PSC, Lluïsa Moret, confirmó ayer que su partido no irá a las manifestaciones y volvió a hacer un llamamiento a los independentistas para lograr un pacto de país en Rodalies. También evitó valorar si la actual crisis da alas al secesionismo. “Como siempre, nosotros estamos centrados en buscar soluciones. No buscamos réditos. Estamos en centrar soluciones”, afirmó.

Hace 8 horas
1










English (US) ·