El taoiseach , o primer ministro de Irlanda, Micheál Martin, tiene por delante una misión imposible. Como líder del país que este semestre ostenta la presidencia rotatoria del Consejo de la UE, debe alcanzar un acuerdo general sobre los próximos presupuestos europeos antes de final de año.
Poner de acuerdo al implacable equipo de los frugales y a los países amigos de la cohesión . A visiones contrapuestas de Europa. A Suecia o los Países Bajos, que piden una reducción drástica de las cuentas que han circulado hasta la fecha; con España, Portugal o Italia, que no quieren tijeretazos en los fondos europeos tradicionales, como la cohesión o la PAC, amenazadas por las nuevas prioridades europeas de defensa y competitividad. Alemania va tan lejos que quiere recortar hasta 400.000 millones la propuesta inicial de la Comisión Europea.
La quimera del taoiseach tiene una tecla secreta. Para diseñar un acuerdo sobre el próximo marco financiero plurianual (MFP) de la UE –como se denomina al presupuesto que se utilizará en los siete años entre el 2028 y el 2034–, la presidencia irlandesa ha recibido el encargo de António Costa, presidente del Consejo Europeo, de estudiar qué “nuevos recursos propios”, es decir, nuevas fuentes de ingresos, podrían permitir conjugar la ambición y unas contribuciones nacionales modestas.
Von der Leyen reclama nuevos recursos propios para que la UE evite un recorte presupuestario del 40%
La paradoja es que uno de los que tiene más partidarios es un nuevo “impuesto digital” que atacaría directamente a un sector clave para la economía irlandesa: las big tech , las grandes compañías digitales estadounidenses, que llevan años aprovechando el ventajoso sistema fiscal del país. Los datos son evidentes. En el 2023, solo tres empresas –Alphabet (Google), Apple y Microsoft– representaron el 38% de toda la recaudación del impuesto de sociedades de Irlanda. Poco antes de iniciar la presidencia, la ministra de Exteriores, Helen McEntee, posaba en sus redes sociales con un lobbista de Meta.
“Hay empresas tecnológicas en muchas economías y en muchos estados miembros, y nosotros, como Irlanda, también contamos con un número considerable”, se defiende Micheál Martin en Cork ante un pequeño grupo de corresponsales europeos. “Se han propuesto entre seis y siete posibles mecanismos de generación de ingresos, tanto por parte del Parlamento como de la Comisión. Hay distintos grados de entusiasmo al respecto, lo que también supondrá un reto, pero nos hemos comprometido a resolverlo en profundidad durante el próximo período”, promete el primer ministro.
Entre las otras posibles fuentes originales de financiación se encuentran impuestos sobre el juego digital o las criptomonedas. Pero, según un documento de la comisión de Presupuesto de la Eurocámara al que ha tenido acceso La Vanguardia , sería una tasa digital a las grandes tecnológicas la principal gallina de los huevos de oro. Un estudio preliminar de la Comisión Europea habla de una recaudación de unos 5.000 millones al año, basándose en el diseño de los impuestos ya existentes en España, Francia e Italia. La sugerencia de la Eurocámara va mucho más allá y plantea un macroimpuesto que podría gravar hasta el comercio digital, con potencial de recabar hasta 42.900 millones al año, un 22% del actual presupuesto comunitario.
La presidencia quiere cerrar las cuentas antes de final de año y Berlín pide un recorte de 400.000 millones
Como presidencia de la UE, Irlanda tendrá el cometido de medir la temperatura entre los Veintisiete y ver si hay ganas de atacar a las big tech . En su inicio del semestre comunitario, tanto Martin como su vice primer ministro y titular de Finanzas, el tánaiste Simon Harris, repitieron hasta la saciedad que, como presidencia de turno, Irlanda actuará como un “ honest broker ”, un mediador honesto que no aprovechará su influencia para interponer sus deseos. Pero también dejaron entrever que no existe una gran voluntad de seguir el camino marcado por la Eurocámara y batallar por la tasa digital. Cualquier impuesto europeo necesitará cumplir dos condiciones, indicó Harris: ser políticamente aceptable para todos los estados miembros y que pueda estar en marcha en el 2028.
En su visita a la Universidad de Cork, el alma máter del taoiseach , la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, recordó que, para cubrir todas las necesidades de las próximas cuentas europeas, se necesitan alrededor de 66.000 millones al año de nuevas fuentes de ingresos. La alternativa es aumentar las partidas de los estados o recortar hasta un 40% los presupuestos. “Esto nos muestra cómo de crucial es la necesidad de nuevos recursos propios”, avisó Von der Leyen.

Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).

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