La Economía, como ciencia social que es, resulta poco previsible en sus prescripciones que se tienen que adaptar a las realidades cambiantes del mundo (shocks geopolíticos, catástrofes naturales, comportamientos sociales, etc). Más previsibles somos los economistas, como profesionales en ejercicio del conocimiento que tenemos. Hace poco mes de un mes ha irrumpido en el debate entre nosotros el llamado Informe Fénix. Un grupo de analistas, académicos la mayoría de ellos, entre los que me cuento, hemos querido alertar contra una deriva de la economía catalana que nos preocupa desde hace años.
Una economía que se mueve con una productividad muy baja, que cuesta reconducir en las actuales circunstancias sociodemográficas, en la cual domina una cierta inercia empresarial de después de un día viene otro, y que en la medida en que se hace mayor, más difícil pensamos que será social y laboralmente enmendarla. Ciertamente el análisis podría haber estado más detallado, con más matices y pies de página. Lo hemos querido hacer, sin embargo, de manera clara y concisa en un documento que se puede leer sin asustar a un ciudadano normal.
Algunos han optado por debilitar el contenido del Informe con el ‘qué pasaría si’
Más esperable como decíamos ha sido la reacción del status quo económico, empresarial y corporativo. Comprensible en la medida en que defienden con su análisis las empresas que agrupan o representan. Y por eso, a algunos economistas no les ha resultado difícil utilizar lo que no dice, o la manera en cómo lo dice el informe, para criticarlo. Sabemos todos que la economía no es una ciencia exacta. Como suele decirse, no siempre dos más dos son cuatro y de tres economistas puedes derivar fácilmente cuatro opiniones.
De aquí que algunos hayan optado por debilitar el contenido del Informe con aquello de ‘qué pasaría si’ (si el año base de estudio fuera otro, si los países comparados fueran diferentes...). Me recuerda mucho eso lo que ha sido el debate de las balanzas fiscales: que si se cambia el criterio de imputación, consideración de la neutralidad del déficit, etc. Todo un mundo de supuestos y escenarios para debilitar políticamente la cuestión principal. También se puede atacar tergiversando el propósito: transparencia de los flujos y no ruptura; impactos económicos y no cuestionamiento de la redistribución fiscal; acuerdo federal y no necesariamente secesión.

Lo que quería como revulsivo el Informe ya lo ha hecho, y en el diagnóstico creo que el sentido es amplio. Ojalá aquellos que se han pronunciado con un sí pero no, ayudaran a trabajar medidas para hacer un sí del no, en lugar de sembrar dudas para que todo siga igual. Las cifras de consolidación de trabajadores irregulares situados en aquella economía que no tiene posiblemente futuro nos alerta y hace responsables a muchos de aquellos economistas que trabajan para algunas de aquellas instituciones por el agravamiento de la situación. Bien cierto es que ver el vaso medio vacío no sirve de nada si desanima la acción; pero también que forzando la visión de que siempre se encuentra el vaso medio pleno, hace que el optimismo justifique la inacción.

Hace 11 horas
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