Entrenar antes del quirófano: el innovador plan frente al cáncer de mama

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Un equipo multidisciplinar compuesto por profesionales sanitarios y diversos investigadores de la Universidad de Extremadura ha puesto en marcha en el Área de Salud de Cáceres un innovador proyecto científico. Esta iniciativa está centrada en la prehabilitación física de aquellas mujeres diagnosticadas con cáncer de mama, con el objetivo de optimizar su evolución tras pasar por el quirófano y analizar el impacto real en factores clave como la recuperación funcional, la mejora de la calidad de vida o la pronta reincorporación al mercado laboral.

El plan de investigación, bautizado con el nombre de Impacto del programa de prehabilitación física en la recuperación postoperatoria en cáncer de mama, se encuentra liderado por la médica especialista en Obstetricia y Ginecología del Servicio Extremeño de Salud, Azahara Montero Panadero. Asimismo, este trabajo cuenta con la destacada participación de la profesora de la Facultad de Ciencias del Deporte de la institución universitaria, María Concepción Robles Gil. Toda la labor se desarrolla gracias al importante respaldo económico otorgado por Fundesalud.

Mejorar la condición física

Según han indicado de forma detallada las propias responsables, este diseño parte de una premisa clara y directa: mejorar la condición física de la paciente antes de someterse a la temida intervención quirúrgica. El propósito fundamental que persiguen los facultativos es favorecer un postoperatorio que resulte considerablemente más rápido y, sobre todo, más eficaz frente a posibles complicaciones. Esta fase preparatoria está pensada exclusivamente para aquellas mujeres que van a ser operadas como tratamiento inicial para atajar la enfermedad, es decir, sin haber recibido previamente ciclos de quimioterapia.

Para lograr las metas establecidas, el equipo médico propone la realización de ejercicio físico totalmente guiado durante el periodo de espera indispensable antes de entrar al quirófano. Este lapso temporal suele oscilar habitualmente entre las tres y las seis semanas. A lo largo de dicho periodo de tiempo, las pacientes se integran en un riguroso programa de entrenamiento individualizado y diseñado a su medida. Las rutinas están supervisadas en todo momento por una técnica especializada y se estructuran en sesiones de una hora de duración, con una frecuencia de tres días a la semana.

Se trata de un entrenamiento de carácter multicomponente que no deja nada al azar. En las clases se combina el trabajo cardiovascular con ejercicios específicos de fuerza, así como rutinas de movilidad y estabilidad articular. La actividad se centra especialmente en fortalecer aquellas zonas del cuerpo que se verán más afectadas de manera inevitable por la acción de la cirugía. Además, antes de comenzar con la actividad física, cada participante es evaluada de forma exhaustiva a nivel físico, psicológico y bioquímico para adaptar el esfuerzo a sus necesidades reales.

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