El segundo despegue de Vox

Hace 1 día 3

Vox es, por el momento, el principal vencedor de la actual coyuntura política española. Es el partido que marca el ritmo en el bloque que puede ganar las próximas elecciones generales españolas. Lo veremos reflejado en los sondeos y lo podemos leer perfectamente estos días en el pacto que acaban de firmar con el Partido Popular en Andalucía.

Vox marca el ritmo  de la derecha española. El partido de Santiago Abascal ha ganado la carrera de obstáculos ideada a finales del año pasado por Alberto Núñez Feijóo para poner de relieve que el PSOE ha dejado de ser fuerza hegemónica. Génova quiso que se adelantasen las elecciones autonómicas en Extremadura y Aragón, sumándose a los comicios ya previstos en Castilla y León y Andalucía, para que el periodo comprendido entre diciembre del 2025 y julio del 2026 fuese una campaña electoral sin pausa, con éxitos continuos del Partido Popular y fracasos reiterados del Partido Socialista. El mejor competidor en esta pista americana ha sido Vox, hoy el partido español más ‘americano’. Los datos no engañan.

Vox ha ganado posiciones en esas cuatro citas electorales. No ha retrocedido en ninguna de ellas. En Extremadura sumó seis diputados más, rozando el 17% de los votos. Un éxito fenomenal. Recordemos que la presidenta extremeña María Guardiola adelantó esos comicios alegando que Vox le bloqueaba la aprobación de los presupuestos del 2026. Ella no quería aceptar sus exigencias. Adelantó, se quedó corta, Vox se reforzó y tuvo que aceptar la ‘prioridad nacional’ grabada en platino. Platino con nácar sobre un fondo taurino generosamente subvencionado. En Aragón aún les fue mejor. Obtuvieron siete diputados más en febrero del 2026, rozando el 18% de los votos, con retroceso del Partido Popular. El presidente aragonés Jorge Azcón, un dirigente que se caracterizaba por una cierta prudencia, con perfil bajo en los debates ‘nacionales’, retrocedió.  Quiso acumular fuerzas y no lo consiguió. Se vio obligado a aceptar la incorporación de Vox al gobierno aragonés.

El carrusel constaba de cuatro estaciones. Después de las dos elecciones ‘adelantadas’ en Extremadura y Aragón, vinieron las que ya estaban fijadas en el calendario, por agotamiento de la legislatura: Castilla y León y Andalucía, la comunidad más grande de España y la más poblada.

En ambas citas, Vox también ha logrado mejorar. En Castilla y León, donde ya estaban altos, han alcanzado el 19% y han sumado un diputado más. En Andalucía, el resultado ha sido más modesto, 13,7%. Un diputado más y la oportunidad de hacer pasar el PP andaluz por el aro. La pasión táctica de José Manuel Moreno Bonilla por Adelante Andalucía tuvo el efecto de una bola de billar roja en el Círculo Mercantil de Sevilla. Me explico. El equipo de Moreno Bonilla propició un cierto apoyo táctico y mediático a Adelante Andalucía para favorecer una mayor fragmentación de la izquierda. Este tipo de maniobras suele presentar riesgos. Los nuevos andalucistas de izquierdas, herederos de la plataforma Anticapitalistas, que conformaba el ala izquierda de Podemos,  llevaron a cabo una campaña electoral muy hábil, recibieron el apoyo espiritual de Alejandro Rojas Marcos, padre del antiguo PSA, conectaron con los deseos de protesta que no se conformaban con Izquierda Unida y la veteranía de Antonio Maillo, y subieron más de lo previsto. Los nuevos baptistas del andalucismo limaron tanto los restos en algunas provincias que el Partido Popular acabó perdiendo la mayoría absoluta por dos escaños. En privado, Moreno Bonilla lo lamenta.

Con un resultado bueno, pero no espectacular, Vox ha conseguido el pacto más vistoso en Andalucía. Ha doblegado a Moreno Bonilla, el ‘centrista’ que hace tres meses rechazaba toda posibilidad de pactar con la extrema derecha y refutaba la divisa “prioridad nacional”. Han obtenido una vicepresidencia que vale por tres consejerías, y ha colocado sus ideas-fuerza en un programa común de 150 puntos sectoriales.  La secuencia comenzó en Extremadura con un óptimo resultado y concluye en Andalucía con una negociación bien manejada que todo el mundo coincide en señalar como la mayor concesión que el PP ha hecho hasta ahora a Vox.

El centrista Juanma ha palidecido. Podía haber intentado forzar la máquina, podía haber amenazado con la repetición de elecciones si Vox no rebajaba sus exigencias; podía haberse arriesgado incluso a esa segunda vuelta electoral, pero Feijóo no podía correr ese riesgo. No quería. Stop en Génova. Consigna de Génova: pactar rápido, no malograr el mensaje de que PP y Vox conforman hoy la nueva “mayoría natural” española, no arriesgarse con una repetición electoral que vete a saber cómo podía acabar. El foco de Génova está hoy puesto en el intento de destrucción de Pedro Sánchez.  Ganar por derrumbe del adversario. Llegar a las próximas elecciones generales con el presidente del Gobierno investigado por la Justicia, con una dramática votación de suplicatorio en el Congreso. 

Madrid DF es estos días un hervidero acalorado y de sus alambiques jurídicos ha surgido una hipótesis alternativa, que está siendo publicitada con pasión: la posibilidad de que a Sánchez le fuese aplicado el artículo 102 de la Constitución, jamás activado, que prevé que el presidente del Gobierno pueda ser juzgado por el Tribunal Supremo por sospecha de delito grave, si así lo acuerda el Congreso por mayoría absoluta. En lugar de moción de censura, proceso de ‘impeachment’ a la española, forzando el artículo 102. Esa maniobra, jamás intentada, necesitaría el voto afirmativo de PP, Vox y Junts per Catalunya. Sánchez podría responder convocando elecciones de manera inmediata, presentándose a las mismas como el hombre al que quieren abatir a toda costa, por las buenas o por las malas; por lo civil o por lo criminal. Madrid DF no duerme.

Abascal cuida de manera muy especial sus relaciones con la primera ministra italiana Giorgia Meloni

Solo una cosa es cierta: Vox es el partido que mejor capitaliza el malestar existente. Por ello, Moreno Bonilla ha tenido que guardar en el armario sus mejores camisas centristas, para firmar, con rostro afligido, un acuerdo de gobierno en que asume  la ‘prioridad nacional’ con gallardetes. El concepto “prioridad nacional” es el gran éxito de Vox. No quiere decir nada y lo quiere decir todo.  Los españoles, primero.  Han colocado esa etiqueta en todos los pactos firmados con el PP. 

Veto total a los menores emigrantes no acompañados, exclusión de los inmigrantes sin documentación de los servicios sanitarios y sociales a menos que presenten una situación de ‘riesgo vital’, desaparición de las clases de árabe que se impartían en algunos colegios andaluces, eliminación de ayudas de la Junta de Andalucía a entidades u oenegés que presten ayuda a los inmigrantes sin documentación, acuerdo que abre la puerta a retirar las subvenciones a Cáritas, cuando aún no se han apagado los ecos de la visita del papa León XIV a España. Castigar a la Iglesia católica por su compasión con los inmigrantes. Castigar a la Iglesia católica en la tierra de las hermandades. La apuesta es muy fuerte,

Vox ha sellado con lacre gótico cada una de las páginas del programa de gobierno de la Junta de Andalucía. El centrista Juanma pasa a ser de nuevo Juan Manuel Moreno Bonilla, barón de Andalucía. Ahora llega el turno de Isabel Díaz Ayuso, a la que Vox intentará arrebatar la mayoría absoluta en la Comunidad de Madrid en las elecciones locales de mayo del 2027. Quizá entonces ya se hayan celebrado las elecciones generales. Este es el empeño de Feijóo.

En los últimos diez días, Feijóo ha hecho lo siguiente, juzguen: intervención muy áspera, sin brillantez retórica en el debate del Congreso durante la última comparecencia de Sánchez; quiso amnistiar a Carles Puigdemont anunciando en Barcelona que el PP también quiere “pasar página” del ‘procés’. “El cambio no se hará contra Catalunya”, dijo el sábado en Barcelona. El lunes retomó el tema principal de la intervención de Abascal en el debate parlamentario: cuidado, que los socialistas quieren aprovechar la concesión de pasaportes a los nietos de los exiliados españoles en Latinoamérica para manipular las próximas elecciones generales; cuidado con Cuba y Argentina, consigna de Vox que Feijóo hizo suya el lunes. El miércoles José María Aznar ya le enmendaba la plana sobre la cuestión catalana: cuidado con Junts, nada con Junts antes de las elecciones, la alternativa tiene que ser ‘nacional’. Aznar le estaba diciendo: como te pongas a jugar ahora con los independentistas catalanes, Vox te puede pellizcar; Vox te puede sacar más votos, cuidado con dejar de ser el partido más votado.

Estamos asistiendo al segundo despegue de Vox. Los de Abascal podrían haber entrado en declive hace tres años, después de su descenso en las elecciones generales del 2023, pero han conseguido reaccionar. Hoy podrían obtener más de 60 escaños en el Congreso de los Diputados y jugar un papel absolutamente decisivo en la próxima legislatura.

La olla exprés de la corrupción favorece claramente al partido del distintivo verde. La narrativa de asalto, imperante estos días en buena parte de los medios de comunicación españoles, favorece claramente a Vox, partido fundado con voluntad de operar como fuerza de asalto.

Vox está adquiriendo fuerza en el plano interior en la medida en que también dispone de una fuerza exterior creciente. Vox es hoy, a todos los efectos, la formación política mejor conectada con la presidencia de los Estados Unidos, con nódulos importantes de la actual Administración estadounidense y con el movimiento MAGA. El político español hoy mejor comunicado con la derecha republicana norteamericana ha dejado de ser José María Aznar. Ahora es Santiago Abascal, asistido por algunos de sus principales colaboradores.

Vox informa a sus amigos norteamericanos y recibe información. A su vez, están tejiendo una valiosa red de contacto prioritario con los nuevos gobiernos latinoamericanos orientados a la derecha, una derecha de caligrafía fuerte y en algunos casos libertaria: Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador, El Salvador, Perú, Colombia, a la espera de lo que pueda ocurrir en las elecciones presidenciales de Brasil en octubre; a la espera de lo que pueda ocurrir en Cuba en los próximos meses, a la espera de lo que acabe de decidir Estados Unidos respecto a Venezuela.

Hay una reorientación trumpiana en toda Hispanoamérica. Rozando el empate en algunas elecciones presidenciales, tal y como acabamos de ver en Perú y Colombia, la izquierda está perdiendo posiciones en América Latina. La apurada situación personal de José Luis Rodríguez Zapatero es hoy un reflejo de ello. El exdirigente socialista José Bono podría tener algún contratiempo en la República Dominicana, país en el que reside desde hace unos años, operando desde posiciones de influencia. Las cosas están cambiando en esos países. Estados Unidos ha regresado a la doctrina Monroe -”América para los americanos”-y el partido español que mejor se mueve en ese trasfondo es Vox. Están coleccionando hilos y contactos, aliados y simpatizantes. Veamos qué ha pasado en Colombia. Abascal apostó pronto por el candidato Abelardo de la Espriella, que acudió a las elecciones presidenciales colombianas con reverberaciones de Javier Milei y Nayib Bukele. Abascal movió ficha en favor de Espriella a tiempo; el Partido Popular ha tardado en reaccionar. De la Espriella será el nuevo presidente de Colombia. 

Esa buena red de contactos con la América que está virando a la derecha refuerza a Vox en Europa, tras la derrota de Víktor Orbán en las elecciones presidenciales húngaras. Abascal cuida de manera muy especial sus relaciones con la primera ministra italiana Giorgia Meloni. La única vez que el líder de Vox ha disentido públicamente de Donald Trump desde que este inauguró su segundo mandato, ha sido en fecha reciente para defender a Meloni de las impertinencias del presidente norteamericano.

(En estos tiempos de olla exprés, también hay que prestar atención a los detalles, al menos a dos detalles esta semana. José María Aznar corrigió a Feijoo respecto a Junts en una conferencia en Madrid que fue presentada por Esther Muñoz, actual portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados. Aznar quiso dar visibilidad a Muñoz en ese acto. En el PSOE reaparece Meritxell Batet, presidenta del Congreso entre 2019 y 2023, hasta ahora retirada en el ámbito privado. Batet presidirá la Fundación Avanza, laboratorio de ideas del Partido Socialista, una fundación que el PSOE puso en marcha como contrapunto a FAES, siendo dirigida hasta el pasado mes de marzo por  Manuel Escudero, fallecido tras una larga enfermedad. El laboratorio de ideas del PSOE será dirigido ahora por una socialista catalana muy apegada a la Constitución).

Enric Juliana Ricart

Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)

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