Según el ex presidente norteamericano Lyndon B. Johnson, lo primero que tiene que hacer un político es saber contar. Pero se refería a apoyos, votos, escaños, amigos y enemigos. Lo que el político laborista Peter Mandelson (ministro con Blair y Brown, y recientemente embajador en Washington) sabía contar era sobre todo dinero. El que recibía a cambio de favores y, como se ha demostrado ahora, información.
El último legajo de millones de documentos relacionados con el pedófilo norteamericano Jeffrey Epstein no contiene revelaciones sobre su relación con Trump (faltaría más), pero se ceba de nuevo en Mandelson, quien, tras perder el chollo de representante diplomático ante la Casa Blanca con residencia en una fabulosa mansión de la Avenida Massachussetts, ha tenido que devolver ahora su carnet de miembro del Labour, una gran humillación teniendo en cuenta que su abuelo fue una figura del Partido en el periodo de entreguerras.
Recibió 87.000 euros del pedófilo, y su marido 11.600 más para un curso de osteopatía y cubrir otros gastos
Ni embajador, ni militante, y si fuera por el primer ministro Keir Starmer ni siquiera integrante de los Lores, aunque para ello tendría que dimitir, o cambiarse la legislación, porque en la actualidad no existe un mecanismo sencillo para expulsar a alguien de la cámara alta del Parlamento, por graves y vergonzosas que sean sus ofensas. En la mayoría de casos, los protagonistas del escándalo dimiten antes de sufrir la ignominia de ser privados del título, pero -al menos por el momento- Mandelson no parece interesado en ir por ese camino. A ver si aguanta.
Los nuevos documentos del caso Epstein muestran que en el 2009, siendo ministro de Negocios de Gordon Brown en plena crisis financiera, filtró al pedófilo un memorando de planes confidenciales del gobierno británico para vender bienes estatales no estratégicos al sector privado por valor de 25.000 millones de euros, a fin de aliviar la deuda pública y favorecer que el Banco de Inglaterra bajara los tipos de interés. También prometió a su benefactor que estaba haciendo todo lo posible para que los bonus en efectivo de los banqueros no estuvieran sometidos a impuestos, pero que se topaba con una férrea resistencia por parte de colegas del Gabinete. “No te preocupes, estoy en ello”, le garantizó.
Ya se sabía que Mandelson había sido huésped habitual de Epstein en su residencia del Caribe, y se había instalado en su piso de Manhattan para regar las plantas y vivir a cuerpo de rey la primera vez que el pedófilo fue condenado a prisión por prostituir a menores de edad. Ahora, datos bancarios han revelado que recibió de su amigo al menos 75.000 libras esterlinas (87.000 euros) en tres pagos diferentes, y que su marido obtuvo otras 10.000 libras (11.600 euros) del magnate para pagar un curso de osteopatía y otros “pequeños gastos”. Eso es un amigo.
Si Mandelson hubiara cobrado ese dinero después de haber filtrado secretos financieros del Reino Unido a China o Rusia, sería considerado un traidor y se enfrentaría a una dura pena de cárcel. Pero tratándose de un hombre de negocios estadounidense -aunque uno de sus negocios fuera la prostitución y ofrecer chicas a sus amigos a cambio de influencia-, la cosa no es vista con la misma gravedad, Aun así el ex primer ministro Gordon Brown ha pedido una investigación a fondo.
El asunto salpica también a Starmer, en tanto en cuanto vuelve a cuestionar su instinto político al haber nombrado a Mandelson embajador en Washington para susurrar al oído de Trump y conseguir un trato de favor (político y comercial) para Gran Bretaña, haciéndose amigo de él como lo fue de Epstein. Y eso que dos veces se había visto obligado a dimitir como ministro del New Labour por escándalos de abuso de poder (la primera vez por no declarar un préstamo de un colega para comprar un piso, la segunda por intervenir para la concesión de un pasaporte británico a un multimillonario indio y mecenas del Labour). Pero al premier le obnubiló la obsesión por estar a buenas con la Casa Blanca al precio que fuera, y el tiro le salió por la culata.
Mandelson firmó una tarjeta para el cincuenta cumpleaños de Epstein como “tu mejor amigo”, le dijo que no era responsable de los delitos de que se le acusaba y le exhortó a ser fuerte y defender su inocencia. Más tarde, alegó no saber nada de su tráfico de mujeres porque, siendo él homosexual, no se las ofrecía como al príncipe Andrés y otros. Luego dijo que se había equivocado siendo amigo del pedófilo y pidió perdón.
Uno de los fundadores del nuevo laborismo, Mandelson afirmó que el Gobierno Blair no tenía nada en contra de que uno se hiciera “asquerosamente rico”. Está claro que sobre todo pensaba en sí mismo. Pasado el tiempo, ya no es ministro, ni embajador, ni militante del Labour. Pero al menos el título de lord no hay quien se lo quite.
Sexo en Windsor
La difunta reina Isabel se habría llevado las manos a la cabeza de saber que su hijo -el ex príncipe Andrés y ex duque York- había pasado la noche en el Royal Lodge, su residencia de Windsor, con una chica de veinte años enviada por Jeffrey Epstein, y que a la mañana siguiente le había dado té y un tour por el Palacio de Buckingham. Eso es lo que alega un abogado de Florida que representa a víctimas del pedófilo. Los nuevos documentos del caso Epstein indican que le ofreció una cita en Londres con una “rusa lista y guapa”, y le muestran de cuatro patas sobre el cuerpo de una mujer vestida. También apuntan que el magnate le propuso negocios en Rusia, Libia y países del Golfo, y que la relación entre ambos siguió después de su condena.


Abogado y periodista. Corresponsal de 'La Vanguardia' en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.

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