El diario del Ejército chino jalea la purga de “ratas gordas” en sus filas

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“Hay que erradicar a las ratas gordas”. La expresión justiciera del Diario del Ejército Popular de Liberación (EPL) parece sacada de los años más terribles de la Revolución Cultural. Pero fue publicada el viernes pasado, en lo que todo el mundo entendió como una alusión al general Zhang Youxia. Es decir, su número uno -solo por detrás de Xi Jinping- hasta que hace dos sábados el mismo medio notificó su caída en desgracia, en un lenguaje que ya insinuaba las sospechas de corrupción. 

En su nuevo y comentado editorial, el órgano de comunicación del ejército despeja cualquier duda: “Debemos tomar las medidas más estrictas para fulminar las prácticas corruptas que socavan la capacidad de combate e investigar a fondo y erradicar a esas 'ratas gordas' que corroen el gasto militar”. La cruda metáfora de los roedores, como parásitos que echan a perder el grano de la comunidad, tiene siglos de historia en la poesía china. Pero el presidente Xi Jinping está más versado en la prosa del poder. 

Junto a Zhang, Xi Jining también ha defenestrado al número tres, después de haber hecho lo propio, en octubre, con el número dos y otros siete generales de alta graduación. Antes aún, siempre con la lucha contra la corrupción contra argumentó, descabalgó al ministro de Defensa, Li Shangfu, y a los dos generales al mando del arsenal nuclear y de los misiles intercontinentales. 

De la purga de la cúpula militar solo se salva el apuntador. Literalmente, puesto que se trata del general Zhang Shenmin, comisario político encargado de señalar al oído de Xi las deslealtades y corruptelas y que ocupa su puesto en la Comisión Militar Central apenas desde octubre. Es su único miembro -junto a Xi Jinping- y el único uniformado, por la sucesión de vacantes forzadas. 

Es verdad que, cuando Xi Jinping se hizo con la Secretaría General del Partido Comunista de China ya sorprendió con “purgas” de una treintena de generales en cuestión de meses. Exactamente igual que ahora, con la diferencia que estos eran ya sus hombres de confianza. Él los nombró y en muchos casos, como el mismo Zhang Youxia, eran “príncipes rojos” como él, en detrimento de la facción de la Liga Comunista de la Juventud, que tocó techo con Hu Jintao.

La remoción llega a tiempo para las dos grandes citas de 2027. El centenario del EPL y el congreso quinquenal del Partido Comunista de China (PCCh). Será también el momento de hacer  balance de los quince años en el poder de Xi Jinping, así como de su promesa, en 2017, de que en el plazo de diez años el EPL se habría transformado en un ejército moderno. 

El objetivo último, para 2049, centenario de la República Popular, es estar a la altura de los mejores ejércitos del mundo. Aunque la velocidad a la que China, gracias a su base industrial y tecnológica, está renovando su arsenal -en cantidad y en calidad- llevan a creer que ese hito podría producirse bastante antes. Así lo indica la puesta en servicio de su tercer portaaviones -el segundo fabricado en China y el segundo del mundo con propulsión electromagnética de cazas- o el desempeño de sus aviones de guerra -ni mucho menos los más sofisticados- en las filas de la fuerza aérea de Pakistán, en su escaramuza con India de hace menos de un año.

El general Zhang Youxia, ya exjefe del ejército, a sus 74 años, no se jubiló por expreso deseo de Xi Jinping, que ahora le da la espalda 

El general Zhang Youxia, ya exjefe del ejército, a sus 74 años, no se jubiló por expreso deseo de Xi Jinping, que ahora le da la espalda Florence Lo / Reuters

En realidad, la redefinición del modelo de ejército es constante. Esta avanza desde hace décadas hacia una reducción de la infantería (llegó a contar con cuatro millones de efectivos) y una mayor sofisticación. En 2005 se superó por primera vez el presupuesto militar de Japón y desde entonces se ha multiplicado por seis, hasta colocarse segundo en el ranking, aunque todavía a mucha distancia de EE.UU. 

China también está aumentando su arsenal nuclear -muy inferior al de Rusia y EE.UU.- a mayor velocidad que ningún otro país. Está por ver, por tanto, si todo empieza y termina en un problema de picaresca y enriquecimiento ilícito de familias de oficiales o Xi Jinping aprovecha la remodelación para un cambio de paradigma, a la luz de los acontecimientos globales.

No en vano, el rearme se ha convertido en palabra de orden, desde EE.UU. a Europa, pasando por Japón. Trump acaba de lanzar el globo sonda de aumentar el presupuesto militar estadounidense en un 50%,  desde un billón de dólares a un billón y medio. Un salto injustificado en tiempos de paz, aunque sea una paz con muchos matices.  

Asimismo, en Japón, que vota este domingo, la primera ministra Sanae Takaichi amaga con romper con otro tabú: que el ejército de EE.UU., que bombardeó Hiroshima y Nagasaki, pueda acarrear ojivas nucleares en territorio japonés. Simultáneamente, Washington empuja a Corea del Sur a asumir mayores responsabilidades a la hora de disuadir a su otro vecino nuclear, Corea del Norte, para poder concentrarse en “la defensa de la primera línea de islas”, que incluye a Taiwán. 

Sin embargo, la principal razón de ser del EPL es, precisamente, impedir otro “siglo de humillación”, como el que culminó con la ocupación por parte de Japón pero que había empezado con las guerra del opio impuestas por los británicos y su toma de Hong Kong. (Ver para creer, aquella diplomacia de las cañoneras vuelve a estar de moda). Y el último símbolo de aquel siglo de humillación es la anomalía de Taiwán, que los japoneses desgajaron de China en 1895. Con el importante matiz de que no fueron los chinos, sino los estadounidenses, los que devolvieron a los nipones a su archipiélago.

Cabe añadir otra lectura sobre los acontecimientos de los últimos meses. Por primera vez en la historia de la República Popular de China, los militares han sido completamente apartados de la toma de decisiones políticas y por primera vez están ausentes del politburó, de 24-25 miembros. Tanto Mao como Deng hicieron la guerra. E incluso Jiang Zeming -este sí, interesado en poesía- y Hu Jintao mantuvieron a unos pocos uniformados en el politburó. Con Xi Jinping, Zhang Youxia era el último. 

La paradoja es que esto no es necesariamente celebrado por Estados Unidos, que a veces parece más cómodo negociando con algunos de sus vecinos donde los militares nunca han dado un verdadero paso atrás. Véase Pakistán o Vietnam (donde el número uno, To Lam, procede de los servicios de seguridad e inteligencia y donde el presidente es un general). 

Del andamiaje del EPL dependen dos millones de soldados, el mayor ejército del mundo. Pero a Xi no le está temblando el pulso a la hora de ponerlo patas arriba. No es una muestra de debilidad, sino de fortaleza. Al mismo tiempo, nadie se imagina a las fuerzas armadas chinas embarcándose en un verdadero test de fuerza en este tiempo de zozobra. 

El de Emergencias, imputado

El exministro de Justicia, Tang, (2020-23) ha sido condenado hoy a cadena perpetua

Con el general Zhang, además, se despide la última generación con experiencia de combate. La incursión en el norte de Vietnam de 1979- aplaudida por EE.UU., Tailandia o Singapur- con la que Deng Xiaoping quiso castigar a Hanoi por derrocar a los jemeres rojos y aumentar el área de influencia de Moscú.

Volviendo a la lucha contra la corrupción, señal de identidad de la presidencia de Xi, este lunes un juzgado chino ha condenado a Tang Yijung, ministro de Justicia entre 2020 y 2023, a cadena perpetua, por aceptar sobornos por un importe equivalente a 17 millones de euros a lo largo de quince años. Tang, de 64 años, también fue gobernador de Liaoning y jefe del PCCh en Ningbo. Asimismo,  otro ministro, Wang Xiangxi, de Gestión de Emergencias, ha sido imputado “por violaciones serias de la legalidad y la disciplina”. 

Así que Xi Jinping no da señal alguna de dar tregua a la lucha contra la corrupción, porque no solo disciplina al partido, sino que despierta grandes adhesiones. El chino de la calle lo celebra, casi tanto como el modesto aumento en el número de días de vacaciones. Las fiestas del Año Nuevo Chino, que arrancan este lunes, se incrementaron en 2025, de 7 a 8 días, pero este año, encajadas entre dos fines de semana, alcanzan por primera vez los nueves días, un lujo para los trabajadores chinos.

Jordi Joan Baños

Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.

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