El chef Javier Peña, contra Tamara Falcó tras su programa juntos en TVE: "No tenía ni puta idea"

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Javier García Peña, el cocinero vallisoletano que saltó al imaginario colectivo tras su paso por la segunda edición de Top Chef, ha roto su silencio sobre una de las etapas más mediáticas de su carrera. El chef, que ha logrado consolidar una marca personal potente en la televisión pública con espacios como Comerse el Mundo, compartió pantalla en el año 2020 con Tamara Falcó en el programa de RTVE Cocina al Punto con Peña y Tamara. En aquel entonces, la marquesa de Griñón aterrizaba en el proyecto con el aura de ser la flamante ganadora de la cuarta edición de MasterChef Celebrity, un título que, a ojos del público, la acreditaba como una cocinera con fundamentos. Sin embargo, seis años después de aquella experiencia, Peña ha ofrecido una visión mucho más descarnada y crítica sobre las aptitudes reales de su excompañera.

En una reciente entrevista concedida al podcast Konverso, Peña ha recordado el choque de realidad que supuso aquel encuentro profesional. Según su relato, la primera sorpresa llegó antes de entrar a plató, cuando le notificaron quién sería su pareja televisiva: "Me cuentan que ha ganado MasterChef Celebrity y dije: 'Vale, no tiene ni puta idea'. Llegamos a la primera grabación y me reafirmé", asevera con rotundidad, admitiendo además que, hasta ese momento, ni siquiera conocía la identidad de la hija de Isabel Preysler. El formato del programa exigía que Falcó replicara en tiempo real las recetas que Peña iba elaborando, una dinámica que, según el chef, dejó al descubierto las carencias técnicas de la aristócrata.

Para ilustrar su escepticismo, el cocinero rescata una anécdota que para él fue definitoria sobre la falta de control culinario de la marquesa de Griñón. Recuerda un momento en el que debían sazonar un plato: "Le digo: 'pues vamos a echar un poquito de pimentón'. Yo echo un poquito de pimentón con la cuchara, le espolvoreo así por encima y veo que ella lanza todo el bote, todo lo que quiso". Este episodio no es para Peña una simple anécdota de rodaje, sino la prueba de fuego que confirma su tesis sobre la distancia que separa el entretenimiento televisivo de la formación gastronómica real.

Esta crítica personal a la marquesa de Griñón sirve a Peña como trampolín para cuestionar los cimientos de MasterChef, el formato estrella de la televisión pública, al que no duda en calificar de "irreal". El chef establece una comparativa directa y dolorosa entre su experiencia en el talent de Antena 3 y el programa producido por Shine Iberia. Mientras defiende que Top Chef era un espacio de "profesionales de la cocina, gente joven que nos apuntábamos a aquello porque queríamos llegar lejos", contrapone esta profesionalidad con lo que percibe en el concurso de La 1, donde asegura que participan personas que "no tenían ni puta idea".

Peña profundiza en la falta de veracidad que, según su criterio, envuelve a la competición culinaria más vista de España. "Lo siento, es así, es irreal. Y te lo puede contar cualquier concursante", sentencia, aludiendo a una supuesta manipulación de los tiempos y las situaciones en favor del espectáculo. El cocinero vallisoletano insiste en que en Top Chef el rigor era la norma: "era real, el tiempo era real, las pruebas eran reales", algo que permitía que la competitividad natural de los chefs profesionales impulsara el ritmo del programa sin necesidad de artificios. A pesar de reconocer que "la televisión es televisión y tiene que ser entretenimiento", Peña lamenta que se sacrifique la autenticidad del oficio en favor del show, cerrando su reflexión con un poso de nostalgia por la exigencia técnica de un formato que, a su juicio, terminó demasiado pronto en La 1.

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