De los esclavos a la IA

Hace 1 día 3

Si algo caracteriza la economía de Estados Unidos desde su fundación es, en palabras de Rosa Duce, directora de inversiones del Deutsche Bank, “su capacidad para reinventarse”.

Y no es para menos. Si la excolonia británica en sus albores aún arrastraba la esclavitud en su modelo de desarrollo, en dos siglos y medio ha llegado a situarse en la vanguardia de la revolución de la inteligencia artificial (IA).

El liderazgo de EE.UU. se basa sobre mercado de capitales, inmigración, gestión del riesgo y el dólar

Las estadísticas de Bank of America certifican que en los últimos 250 años, las acciones estadounidenses han ofrecido una rentabilidad total anualizada del 8,7%, mientras el crecimiento del PIB nominal ha repuntado un 6,0% y la inflación se ha contenido un 2,5% Coincidencia o no, los EE.UU. nacen en 1776, el mismo año en que se publica La riqueza de las naciones de Adam Smith: los norteamericanos han sido los difusores del credo liberal.

No ha sido un camino lineal, guerra civil incluida. Un informe de UBS (250 years of US Innovation) explica que los mercados de capitales de EE. UU. han sido el gran catalizador para el desarrollo del país, demostrando una “consistente capacidad para movilizar capital hacia resultados inciertos pero transformadores”. Desde el Acuerdo de Buttonwood en 1792 (la semilla de Wall Street) hasta la gigantesca movilización de capital privado y extranjero para la red ferroviaria del siglo XIX, el sistema estadounidense desarrolló una gran capacidad para asumir riesgos. Este ecosistema ha evolucionado mediante un patrón cíclico repetitivo: “la innovación que permite nuevas formas de formación de capital, el exceso que expone las vulnerabilidades, la crisis que obliga al ajuste y la regulación que fortalece la base para la siguiente fase”. Así sucedió por ejemplo cuando los locos años 20 llevaron al colapso de 1929, dando paso a las leyes regulatorias del New Deal en 1933 y a la creación de la autoridad bursátil SEC.

Además, no hay que olvidar que la escala americana se cimentó sobre oleadas masivas de inmigración que suministraron la fuerza de trabajo necesaria para la industrialización. Luego, la creación de los grandes fondos de pensiones en los años 50 y la institucionalización del ahorro de la clase media transformaron a los ciudadanos comunes en accionistas.

Y el acuerdo de Bretton Woods (1944) coronó al dólar como reserva global, otorgando al país el “privilegio exorbitante” de atraer el capital del resto del mundo para financiar su innovación. Hoy los mercados bursátiles estadounidenses representan más del 60% de la capitalización mundial.

Sin embargo, el sistema se enfrenta a retos. Desde el aislacionismo trumpista, el auge del rival China pasando por la sostenibilidad de las inversiones en la IA, hasta la hegemonía cuestionada del dólar. El billete verde representa en la actualidad cerca del 40% de las reservas de divisas mundiales, el mínimo del siglo.

Pero lo que mejor resume esta cabalgada exitosa es el la idea de la célebre obrateatral Lehman Trilogy de Stefano Massini: “No somos comerciantes de algodón, ni de café, ni de carbón, ni del acero de las vías del tren. Somos comerciantes de dinero... usamos el dinero para hacer más dinero. Lo compramos, lo vendemos, lo prestamos, lo negociamos. Nuestro grano es el dinero”. Felicidades, Tío Sam.

Piergiorgio Sandri

En La Vanguardia desde el 2000. Especializado en Economía internacional, ha cubierto como enviado el Foro Económico de Davos, la OMC o el BCE. Licenciado en Derecho en Roma, Master en Periodismo UB/, PDD del IESE. Premio AECOC.

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