¿China ha ganado el futuro? Pekín supera a EE.UU. en la carrera por la energía nuclear

Hace 2 horas 1

La energía nuclear es percibida de nuevo como una tecnología del futuro, como muchos la calificaron hace un tiempo. La energía nuclear ha llegado para quedarse, y se trata de una buena noticia para todos aquellos que se preocupan por el medio ambiente y la economía. Con una actual flota mundial de 416 reactores en funcionamiento (un 9% de la cuota mundial de generación eléctrica) y 63 reactores en construcción en 15 países, se espera que la capacidad nuclear contribuya de manera sustancial a la creciente demanda mundial de energía en general y de electricidad en particular. La energía nuclear da respuesta a muchos de los retos que se avecinan: la lucha contra el cambio climático y la descarbonización de la economía mundial, la seguridad del suministro energético, la competitividad de los agentes industriales y, lo que es más importante, la necesidad de una energía estable y asequible para los hogares y las empresas de todo el mundo.

Como se describe en el último informe Global Energy Review de la Agencia Internacional de la Energía (publicado en marzo del 2025, con datos del 2024), “la demanda mundial de energía aumentó a un ritmo superior a la media en el 2024, lo que se tradujo en una mayor demanda de todas las fuentes de energía, incluidos el petróleo, el gas natural, el carbón, las energías renovables y la energía nuclear”.1 Cabe esperar que la tendencia continúe o incluso se acelere teniendo en cuenta el gran impulso que se produce en el desarrollo de sectores de alto consumo energético, como la inteligencia artificial y los centros de datos. Para hacernos una idea de lo que se avecina, consideremos que hasta ahora las necesidades computacionales de los usuarios finales eran atendidas en gran medida por centros de datos con una demanda energética de unos 5 MW por centro. Sin embargo, ahora asistimos al despliegue de centros de datos a hiperescala con una demanda energética típica de más de 100 MW, lo que se traduce en un consumo eléctrico anual equivalente a la demanda de entre 350.000 y 400.000 vehículos eléctricos.2 Solo en EE.UU., se prevé que la demanda eléctrica de los centros de datos crezca en 50 GW en los próximos cuatro años.

Beijing encabeza de facto el sector nuclear mundial según los indicadores relevantes: en construcciones iniciadas, profundidad de la cadena de suministro, amplitud tecnológica y ritmo de despliegue

Para satisfacer esa gigantesca demanda de electricidad, nadie puede ni debe excluir ninguna de las fuentes de energía hoy disponibles. Muchos países han decidido prolongar el funcionamiento a largo plazo de su actual parque de reactores nucleares. Por ejemplo, el programa francés Grand Carénage3 pretende prolongar el funcionamiento de los reactores franceses más allá de los 40 años, mientras que en EE.UU. todos los reactores tienen licencia para funcionar durante 60 años y algunos incluso hasta 80. Otros países tienen previsto construir nueva capacidad nuclear con reactores de gran tamaño y están invirtiendo también en nuevas tecnologías, ya sean los denominados reactores modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés), versiones más pequeñas de los reactores tradicionales refrigerados por agua, o los reactores modulares avanzados (AMR en inglés), que utilizan diseños muy diferentes.

¿Por qué ha cambiado la realidad? Es obvio que la situación geopolítica ha provocado inquietud en muchos sectores, y el energético es uno de ellos. En Europa, la invasión de Ucrania por parte de Rusia ha puesto de manifiesto la necesidad de replantearnos (una vez más...) nuestra independencia energética. Una vez más, porque no debemos olvidar que, ya a principios del 2014, el aumento de las tensiones tras la anexión de Crimea por parte de Rusia llevó a la Unión Europea a considerar un plan integral para reducir la dependencia energética comunitaria (sobre todo del gas procedente de Rusia) mediante la mejora de la eficiencia energética, el aumento de la diversificación y el desarrollo de fuentes de energía autóctonas. Por desgracia, dicho plan no se materializó en la medida inicialmente prevista.

Una nueva época

En la actualidad, ha comenzado una nueva época. Tanto los responsables políticos como los diferentes sectores necesitados de grandes cantidades de energía para sus actividades han pasado de una posición agnóstica en materia energética a aceptar y desarrollar decididamente la energía nuclear como una de las fuentes de energía clave que permitirá que los negocios sigan funcionando y sigan siendo competitivos. 

A principios del 2025, catorce confederaciones empresariales de toda Europa publicaron una declaración4 anunciando “su compromiso común de reforzar la industria nuclear europea, ya que contribuye a los objetivos de descarbonización, competitividad y resiliencia de Europa, junto con las soluciones renovables y [otras] soluciones bajas en carbono”. Las empresas han llegado a la conclusión de que “una industria competitiva y la resiliencia de un modelo socioeconómico exigen un enfoque conjunto para la descarbonización, el crecimiento y la competitividad. La energía nuclear es una de estas palancas fundamentales, que complementa las energías renovables y otras soluciones limpias y garantiza que las empresas tengan acceso a un suministro competitivo, estable y predecible de energía descarbonizada”. Algunos de los firmantes son representantes empresariales de países tradicionalmente opuestos a la energía nuclear, como Dinamarca. De hecho, el Parlamento danés aprobó en 1985 una resolución excluyendo de modo explícito la energía nuclear en los planes energéticos de su país. La resolución prohibía la construcción de centrales nucleares en Dinamarca. Además, el Gobierno danés presionó para lograr el cierre de una central nuclear sueca (Barsebäck) situada a 20 kilómetros de Copenhague, al otro lado del estrecho de Oresund. Ahora las cosas están cambiando, y el viraje es evidente. Incluso Alemania, que decidió abandonar la energía nuclear en el 2011 tras el gran terremoto de Tohoku y el posterior accidente nuclear de Fukushima, se ha acercado a la vecina Francia, el mayor país nuclear de Europa con 57 reactores en funcionamiento. A principios de septiembre, el presidente Macron y el canciller Merz acordaron reconocer el papel esencial de la energía nuclear en la transición energética de Europa.5

La averiada planta nuclear de Fukushima en Japón 

La averiada planta nuclear de Fukushima en Japón Europa Press

En semejante contexto, resulta incomprensible que España, que dispone de un parque nuclear fiable y eficiente de siete reactores, contemple la eliminación gradual de la energía nuclear cuando la necesidad de energía limpia y fiable es cada vez mayor y se reconoce que las energías renovables por sí solas no serán suficientes. La presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen se ha pronunciado abiertamente sobre la necesidad de integrar la energía nuclear en la cesta energética europea. Durante su discurso sobre el estado de la Unión pronunciado a finales de septiembre, mencionó la necesidad de energía asequible para mantener (o incluso aumentar) la competitividad y añadió: “Y sabemos lo que hace bajar los precios: la energía limpia de producción propia. Necesitamos generar más energías renovables de producción propia, con la energía nuclear como carga base”.6

La aparición de una nueva época de la energía nuclear en Europa tiene por delante muchos retos, pero la voluntad de muchos Estados miembros de la Unión Europea expresada en los Planes Nacionales de Energía y Clima (PNEC) es real. A partir de los 100 GW de capacidad instalada, la Unión Europea pretende aumentar su capacidad en el 2050 a algo más de 140 GW. Se necesitarán medidas concretas para permitir y acelerar las inversiones; entre ellas, marcos políticos estables, procesos normativos simplificados, condiciones de igualdad para todas las tecnologías bajas en carbono, acceso a financiación pública y privada, medidas fiscales justas, apoyo a una cadena de suministro nuclear europea sólida, un marco para la diversificación del suministro y, por último, pero no por ello menos importante, medidas de apoyo a la investigación, la mano de obra y el desarrollo de competencias. Europa hizo todo eso en la década de 1980: se instalaron más de 120 GW en menos de 20 años. Se hizo entonces y se puede volver a hacer ahora.

¿Y el resto del mundo?

China a la cabeza

Si hay un país que encarna la nueva época nuclear, ese es China. Aunque rara vez se reconoce en las capitales occidentales, Beijing encabeza ahora de facto el sector nuclear mundial. Según todos los indicadores relevantes (construcciones iniciadas, profundidad de la cadena de suministro, amplitud tecnológica y ritmo de despliegue), China ha tomado la delantera. En el ámbito nacional, las cifras son asombrosas. China ya opera 57 reactores, tiene otros 29 en construcción y decenas más en proyecto. A diferencia de Occidente, donde los proyectos nucleares a menudo languidecen en un limbo regulatorio, los reactores chinos pasan del plano a la conexión a la red en cuestión de años, no de décadas. El país ha desarrollado una cadena de suministro integrada verticalmente capaz de producir todo, desde recipientes de presión para los reactores hasta combustibles avanzados. Esa capacidad no constituye solo una garantía interna, sino que posiciona el país como el proveedor potencial preferido para gran parte del mundo en desarrollo. 

En India el carbón sigue representando alrededor de un 70% de la energía: asfixia sus ciudades por contaminación y aumenta las emisiones de carbono. La energía nuclear ofrece una salida

El carbón sigue dominando la electricidad china, pero la energía nuclear ofrece una forma de descarbonización al margen de las volátiles importaciones de combustibles fósiles. Al mismo tiempo, el dominio de la tecnología nuclear avanzada refuerza la credibilidad de China como superpotencia científica y tecnológica, lo cual contribuye a reducir la brecha del prolongado dominio de EE.UU., Francia y Japón.

Rusia líder en exportación nuclear

Si China es el constructor nuclear más ambicioso del mundo en el plano nacional, Rusia es su exportador más formidable en el extranjero. Moscú ha perfeccionado un modelo que ninguna empresa occidental ha podido (o no ha querido) replicar: el enfoque financiar-construir-poseer-operar. Bajo este sistema, Rusia no solo entrega un reactor. Diseña la planta, financia la construcción, suministra el combustible, forma a los operadores y, a menudo, conserva la propiedad y el control operativo durante décadas. 

Rusia tiene proyectos activos en una docena de países; entre ellos,Turquía, Egipto, Bangladesh y Hungría. Para los gobiernos con conocimientos técnicos limitados o calificaciones crediticias débiles, Rusia ofrece un acuerdo irresistible: una central nuclear sin quebraderos de cabeza financieros o logísticos. La genialidad –y el peligro– de su enfoque radica en que cada reactor ata a un país a décadas de dependencia de la tecnología, el combustible y los contratos de servicio rusos. Los críticos argumentan, con cierta justificación, que ese modelo plantea cuestiones preocupantes. ¿Deben confiarse los sistemas energéticos de otros países a un Gobierno que ha convertido las exportaciones de energía en un arma el control a largo plazo? Sin embargo, la incómoda verdad es que, mientras los proyectos nucleares occidentales se estancan debido al aumento de los costes y al incumplimiento de los plazos, las centrales rusas siguen entrando en funcionamiento de forma más o menos fiable. En el mercado de la exportación, la fiabilidad importa más que la novedad.

La ambición de India

La polución es un problema grave en India. en la imagen, Amritsar 

La polución es un problema grave en India. en la imagen, Amritsar NARINDER NANU / AFP

También India alberga grandes ambiciones nucleares. Nueva Delhi ha declarado que la nuclear es clave para su ascenso como potencia industrial y líder en energía limpia. India opera hoy 21 reactores, tiene 6 más en construcción y ha anunciado planes para alcanzar más de 20 GW de capacidad nuclear en 2030, el doble del parque actual. La demanda de electricidad aumenta exponencialmente debido a la urbanización, la industrialización y el acceso universal. El carbón, que sigue representando alrededor de un 70% de la energía del país, asfixia sus ciudades a causa de la contaminación y aumenta las emisiones de carbono. La energía nuclear ofrece una salida: energía densa, fiable y sin emisiones que puede servir de base para una cesta energética diversificada. Pero convertir la ambición en realidad esta resultando difícil. El sector nuclear indio se ve limitado por problemas de financiación, obstáculos para la adquisición de terrenos y retrasos burocráticos. El consenso político es alto y el potencial es enorme, pero la ejecución de los planes determinará si India logra convertirse en una verdadera potencia nuclear.

La posición de EE.UU.

EE.UU., cuna de la energía nuclear civil, ha visto cómo el resto del mundo lo adelantaba. Hoy cuenta con 94 reactores que proporcionan en torno a un 20% de la electricidad del país. Pero durante décadas, el sector se estancó por el bajo precio del gas natural, los obstáculos normativos y el riesgo financiero. Ahora, la energía nuclear goza de un raro apoyo bipartidista. La ley de Reducción de la Inflación de Biden y las órdenes ejecutivas de la época de Trump tienen como objetivo revitalizar el sector. La puesta en marcha de la unidad 3 de Vogtle en el 2023 supuso el primer reactor nuevo en EE.UU. en más de 30 años. Pero siguen sin resolverse cuestiones como la fragilidad de la cadena de suministro y la financiación. Décadas de inversión insuficiente han vaciado la industria nacional; y, por su parte, los inversores privados se muestran cautelosos ante proyectos que cuestan decenas de miles de millones por adelantado. Los SMR resultan prometedores, pero aún no han demostrado su eficacia. La paradoja es evidente: EE.UU. quiere la energía nuclear por motivos políticos, pero aún no puede construir a gran escala de modo eficiente. Si no logra reformar la financiación, la concesión de permisos y la capacidad industrial, corre el riesgo de ver cómo su liderazgo nuclear pasa a manos de China y Rusia.

Conclusión

El panorama mundial indica que la energía nuclear es clave para el futuro. China y Rusia están actuando con decisión. India parece seguir una trayectoria similar. EE.UU. y Europa han despertado, pero los avances son desiguales. La lección es que la energía nuclear es importante ahora, y lo será más en el futuro. Los países que la adopten de modo inteligente se beneficiarán de menores emisiones, redes más fiables y mayor influencia geopolítica. Los que se retrasen pagarán un precio alto, en lo económico y en lo estratégico. Les guste o no a EE.UU., Europa, España o cualquier otro país indeciso, el centro de gravedad de la energía nuclear se está desplazando hacia el este.

Jacopo Buongiorno es profesor de Ciencia e Ingeniería Nuclear en el MIT. Berta Picamal es la directora jurídica y de relaciones internacionales de Nuclear Europe

Notas

1. Agencia Internacional de la Energía (IEA), Global Energy Review 2025.
2. Gaurav Sharma, “Hyperscale Data Centers May Fundamentally Alter Global Power Demand”, Forbes, 20/XII/2024.
3. EDF, “La R&D et le Grand Carénage”, 28/V/2020.
4. Mouvement des Entreprises de France (Medef), European Business Nuclear Alliance, 12/II/2025.
5. David Dalton, “Macron And Merz Agree To Recognise Role Of Nuclear In Europe’s Energy Transition”, NucNet, 1/IX/2025.
6. Comisión Europea, “2025 State of the Union Address by President von der Leyen”, 10/IX/2025.

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