El ex secretario de organización del PSOE, Santos Cerdán, relata en un libro autoeditado, La caída, el proceso, el aislamiento y la soledad que ha vivido en este último año tras ser investigado en múltiples causas de corrupción y señalado como cerebro de algunas tramas. Reitera que es inocente.
“En el momento más delicado de mi vida y en cuestión de horas, me quedé sin cobertura legal, sin respaldo político, sin recursos. Abandonado y vapuleado. Me encontré solo”, cuenta el exdiputado. “La sensación de abandono que yo sentía en aquel momento es difícil de transmitir, no se trata solo de perder un cargo, eso es lo de menos, es descubrir que cuando la maquinaria se activa quienes deberían sostenerte o al menos pensar en la presunción de inocencia, se apartan, te abandonan”, afirma en otro momento. “La soledad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en algo físico”, remata.
Cerdán, que dice que dimitió de todos sus cargos sin que nadie se lo exigiera, explica que él despachaba con Pedro Sánchez de manera directa y que formaba parte de su círculo de confianza. En solo dos semanas pasó de participar en reuniones en las que se “tomaban decisiones que afectan a todo un país” en la Moncloa a estar encerrado en una celda. “En cuestión de días pasé de debatir estrategias con el presidente del Gobierno a ser acusado de delitos muy graves y a cruzar la puerta de una prisión preventiva”, subraya al respecto.
La foto con Puigdemont

Además, considera que su vida cambió tras la fotografía con los dirigentes de Junts, con Carles Puigdemont y Jordi Turull, en Bruselas en los días previos al acuerdo de investidura, en el 2023. Asegura que la instantánea fue “un antes y un después” en la historia de España y en su vida y que fue también el inicio de todo lo que estaba por venir en el flanco judicial. “Para algunos, un acuerdo. Para otros, una línea cruzada”, apunta sobre aquella imagen. Lo cierto es que tras aquella reunión con los posconvergentes en sus despachos del Parlamento Europeo pasó del anonimato a ser reconocido.
En ese sentido, el ex número tres de los socialistas afirma que su función siempre había estado alejada de los focos. “La política real no es la que se ve, es la que ocurre cuando nadie está mirando” y “nunca se decide en los focos”, asevera Cerdán, que cuenta que él ayudaba “a que la maquinaria funcionara” y que era “quien engrasaba piezas que parecían incompatibles” o “quien llegó a convertir conversaciones que la mayoría consideraba imposibles en acuerdos viables”. “Mi papel era otro. Era el de hacer que las cosas pasaran, el de conectar posiciones que parecían incompatibles. El de mantener abiertos canales de diálogo cuando otros los daban por rotos y de convertir lo improbable en posible”, insiste sobre sus negociaciones con JxCat, PNV y EH Bildu. “Mientras estuve en el Congreso esos equilibrios [las negociaciones con partidos diferentes], no sin sufrimiento, iban saliendo”, se reivindica.
La política real no es la que se ve, es la que ocurre cuando nadie está mirando
El exdirigente navarro explica además que tuvo un papel determinante para pactar con los nacionalistas en Navarra y para que la actual presidenta de la Comunidad Foral, María Chivite, asumiera el poder. También en la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy de la Moncloa en el 2018.
Las negociaciones con Junts, sin embargo, no arrancaron en esta legislatura, cuando quedó claro sus siete votos eran determinantes. Sánchez le hizo el encargo en la legislatura anterior. Le pidió abrir una vía de diálogo con JxCat por si en el futuro, como luego sucedió, había que contar con los votos de los posconvergentes. Conoció a Turull en Bilbao gracias al PNV y empezó a trabar una relación de confianza.
El paso por la cárcel
“Moverte entre posiciones distintas, construir acuerdos, y hacer posible lo que otros consideran imposible, también genera incomodidad”, concluye Cerdán, que deja claro al inicio que su paso por prisión, donde solo recibió la visita de sus familiares y amigos, tiene consecuencias más allá de su reputación y su imagen en la esfera pública: “Uno entra siendo alguien y sale siendo otra persona”. “La puerta de la celda se cerró detrás de mí con un sonido que, todavía hoy, sigo escuchando”, reza la primera frase del libro.
Cuando recibió el informe de la UCO, detalla que lo que leyó “no tiene sentido” y habla de “interpretaciones sin sustento”, afirmaciones que no reconoce y unos audios que no son conversaciones suyas. Denuncia en otro fragmento que aunque le encerraron en prisión preventiva por riesgo a destrucción de pruebas no se le requisó el móvil ni el ordenador. Y que tampoco registraron el piso en el que vivía en Madrid, ni su casa de Milagro en busca de “esas supuestas pruebas”.
La segunda parte del libro
En la segunda parte, Cerdán insiste y desarrolla una idea como si del bolero de Ravel se tratase, de varias formas distintas y de maneras repetida, que la verdad y los hechos no importan y que el relato pesa más. “Las personas no buscan la verdad completa. Buscan una historia que encaje. Una historia comprensible, algo que tenga sentido dentro de un marco previo”, se lamenta el exdirigente socialista, que opina también que en su caso la justicia dictaminará tarde y que la sentencia llegará “después del daño personal, después del acoso mediático, después del abandono institucional y después de la prisión preventiva”.
En las imágenes que se incluyen en el libro, Cerdán aparece junto a Puigdemont y Turull en Bruselas, en el balcón de Ferraz en la noche electoral del 2023, con Turull en Bruselas, tras el acuerdo con Podemos en el 2019, con Sánchez... y con Salvador Illa. También con el expresidente colombiano Gustavo Petro.

Redactor de La Vanguardia y colaborador de la revista cultural El Ciervo. Cubre la actualidad política catalana desde 2017

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