Cada elección es un mundo

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Y se hace muy larga cada una de ellas. Conviene no creer demasiado que las tres elecciones regionales convocadas hasta ahora hayan sido muy queridas en las filas de los partidos. Seguramente no por el favorito –“las carga el diablo”–, menos aún por las fuerzas de la izquierda gubernamental, pero tampoco por el tercero al alza; y es que todos tienen algo que perder.

El azar manda en ellas, como sucederá en Andalucía, la siguiente, donde siete escaños cayeron en la cuenta del ganador por una diferencia de apenas cinco mil votos, la vez anterior. En este 15 de marzo, las ciudades de Castilla y León confirmaban la tendencia común a que los indecisos no resuelven su voto hasta la misma apertura de los colegios, o casi. Así las cosas, no puede haber un dirigente juicioso que se sienta capaz de atender a esas partidas simultáneas en la noche electoral, donde se combinan resultados pronosticados con amplios márgenes de error y expectativas hinchadas por una publicidad política siempre autocomplaciente.

Los indecisos no deciden su voto hasta la misma apertura de los colegios, o casi

“Con un escaño más, con un voto más”, se declaraba cumplido el principal candidato de la despoblada región del Duero, donde el miedo a la inmigración pierde fuelle por fuerza, sin que llegara a compensarlo ese otro temor a lo que viene de afuera, el Mercosur esta vez, merced a la consciencia de que sin la europea PAC se retrocedería a la situación social del campesinado; o quizá, también porque las dos fábricas de coches aportan al producto interior tanto y más que el agro de las nueve provincias, con excepción de la próspera Ribera del Duero. En verdad, tal modesta aspiración chocaba con las campañas al uso, que suelen calcar el estilo triunfador de los anuncios comerciales.

El presidente del PP de Andalucía, Juanma Moreno, preside la reunión de la Junta Directiva Autonómica del partido.

El presidente del PP de Andalucía, Juanma Moreno, preside la reunión de la Junta Directiva Autonómica del partido.Jose Manuel Vidal / EFE

Es que tampoco los grandes incendios del último verano mutaron en unos idus de marzo contra la Administración regional, no en las comarcas que los sufrieron; como si las 150.000 hectáreas calcinadas fueran un caso inflamado por las polémicas mediáticas del Madrid cortesano, sin que hubieran traspasado la Cordillera Central. Cada elección representa un tempo y un mundo distintos.

No habrá región histórica situada tan bajo el mito como Castilla, y su contraparte, León. Un exceso de pasado, que terminó quizá su operatividad cuando la oposición vallisoletana a la hacienda catalana en el Estatuto de 1932. Al cabo de las cuatro décadas de planta autonómica, más que figurar como entidad política dirimente nacional, la escasez actual de recursos y población empuja a desempeñarse como una Administración competente, ceñida a la prestación de servicios públicos. Aunque luego será la cuarta autonomía que más diputados sume en las generales; pero esa es otra elección.

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