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Entre el Capitolio y la Casa Blanca, y bajo la atenta mirada de Donald Trump, Àlex Palou ha desaprovechado este domingo la oportunidad de coronarse como campeón de la IndyCar en la primera carrera en la historia en las calles de Washington. A falta de 24 vueltas para el final, el líder del campeonato ha estrellado su coche contra el muro a la salida de la tercera curva, poniendo el broche definitivo a un día para el olvido para el piloto catalán.
Palou salía desde la pole position, después de una sesión clasificatoria en la que voló el sábado, pero lo ha adelantado su perseguidor directo, Kyle Kirkwood, en la primera curva. Después, en la vuelta 35, ha recibido una penalización de drive-through (paso por boxes) por golpear un neumático en su entrada a boxes tras un accidente en pista, lo que ha relegado al líder del campeonato al penúltimo puesto, con una vuelta de desventaja. Un error de sus mecánicos en su segundo pit stop, en el que han perdido varios segundos en el cambio de neumáticos, ha complicado todavía más su victoria. Y después ha llegado el fatídico accidente, que lo ha dejado sin opciones.
El quinto anillo del piloto de Chip Ganassi, con el que igualaría el récord actual de cuatro consecutivos, deberá esperar a las próximas dos citas del campeonato, la semana que viene en Milwaukee (Wisconsin) y el 6 de septiembre en Monterey (California). El piloto de Sant Antoni de Vilamajor sigue en primera posición en el campeonato, con 552 puntos y una amplia ventaja de 93 respecto a Kirkwood (que ha quedado primero), por lo que a falta de dos carreras, y a pesar de este tropiezo, ya acaricia el título.
La carrera, la primera en la historia en las calles de Washington, ha sido el último gran evento organizado por Trump para conmemorar el 250º aniversario de la declaración de independencia de Estados Unidos. En los últimos meses, el presidente ha protagonizado por la efeméride una serie de eventos con marcado sello ideológico, que han incluido un gran rezo colectivo, un combate de la UFC en el jardín de la Casa Blanca, sobrevuelos de aviones militares, un espectáculo de fuegos artificiales por el 4 de julio y una Gran Feria Estatal Americana en la principal avenida de la ciudad, el National Mall.
Este domingo, Trump ha encabezado junto a la primera dama, Melania Trump, el tradicional acto de salida a la carrera con una vuelta al circuito en su limusina presidencial, acompañado del himno de EE.UU. y sobrevuelos de aviones militares. Después, ha ondeado la bandera verde, con la que ha dado inicio al Gran Pemio Freedom 250. Entre el público, había una amalgama de fans de la Indycar, seguidores del presidente y curiosos que no querían perderse la cita histórica.
El centro de la capital ha quedado bloqueado durante el fin de semana por la IndyCar, cuyo circuito ha recorrido un tramo de la Avenida Pensilvania, que une la Casa Blanca con el Capitolio, así como el National Mall, donde se encuentra el memorial a George Washington. La adecuación ha incluido un gran trabajo de reasfaltado, así como la soldadura de más de 200 tapas de alcantarilla para garantizar que los coches de carreras no las succionaran y levantaran de la calzada.
Desde las primeras vueltas de entrenamiento, sin embargo, quedaron claras las dificultades de este circuito urbano, donde varios pilotos perdieron el control de su coche en un tramo de la Avenida Pensilvania especialmente bacheado. Además, el trazado, de 2,7 kilómetros, ofrecía pocas oportunidades por vuelta para realizar adelantamientos, pues de todos los circuitos no óvalos del calendario de este año, es el que menos curvas tenía, un total de siete. La carrera, de 250 millas en total (unos 400 kilómetros) para conmemorar el aniversario de EE.UU., ha constado de 147 vueltas y se ha convertido en la segunda urbana más larga de la historia de IndyCar Series.


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