Aída frente a la comida rápida

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Este lunes, 2 de febrero, el santoral celebró a Santa Aída mártir, pero si nos atenemos a las cifras de taquilla de las salas de cine españolas, el día de Aída se ha festejado a lo largo de todo el fin de semana. Aída y vuelta, la película que ha recuperado el universo de la serie de Globomedia —pasado, eso sí, por una centrifugadora meta—, ha logrado recaudar más de millón y medio de euros, el mejor estreno español desde Padre no hay más que uno 5. Un hito que ha ayudado a cerrar el mejor enero para la taquilla española desde 2020, con siete millones de espectadores, según datos de Comscore.

El cine español puede estar contento, la tele debería hacérselo mirar. El público ha acudido en masa a ver Aída y vuelta porque, 11 años después del final de la serie de la que parte, el vínculo de los espectadores con los vecinos más célebres de Esperanza Sur sigue ahí. Sus nueve años en antena, con 237 capítulos emitidos, forjaron un lazo que ha tirado del respetable a las salas.

Hablo de la tele de ayer, me hago cargo. Hoy, acostumbrados a temporadas de usar y tirar, donde los seis episodios por temporada —y con mucha suerte, tres o cuatro temporadas— se han convertido en estándar, esas cifras marean. Y si nos fijamos en la audiencia, aún más: el primer episodio de Aída, estrenado hace 21 años, logró reunir frente al televisor a 6.863.000 espectadores. Con ese dato, en 2025 habría logrado situarse como la sexta emisión más vista del año, una cifra impensable hoy para la maltratada ficción en abierto en España, donde el cada vez más tardío prime time está relegando a las pocas series que llegan a emitirse en la franja a horarios de late night.

Imagen del episodio de 'Aída', que se rueda durante 'Aída y vuelta', de Paco León.

Ya sabemos que el cambio de consumo promovido por las plataformas no es un fenómeno exclusivo del ámbito nacional. Pero si nos atenemos a los datos en Estados Unidos, de las 10 series más vistas en streaming en el último año, nueve provienen de esa tele de ayer, de largo recorrido. No solo porque su número de episodios es mayor, sino también porque viajan intergeneracionalmente y acumulan espectadores cada año. El riesgo y la inversión es mayor a corto plazo, el beneficio es mucho mayor a la larga. Ganan las historias, gana el público y gana quien lo alimenta. Pero hay que querer darle al espectador algo más que comida rápida.

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