Adiós al mito de las ocho horas: las sociedades preindustriales dormían menos de siete

Hace 1 semana 7

El sueño humano ha sido objeto de fascinación y estudio, especialmente en lo que respecta a cómo la vida moderna ha alterado nuestros ritmos naturales. Sin embargo, una investigación publicada este martes en la revista Brain Medicine derriba algunos de los mitos más extendidos sobre el descanso. Según esta revisión narrativa, que abarca dos décadas de trabajo de campo antropológico, historia de archivo y genómica comparada, la industrialización ha modificado sustancialmente los horarios en los que dormimos, pero no ha reducido la cantidad total de horas.

El estudio, dirigido por Seithikurippu R. Pandi-Perumal desde la Universidad Chandigarh en la India y con la participación de expertos de Estados Unidos, Reino Unido y otros países, se centró en observar a tres sociedades de cazadores-recolectores que viven sin luz eléctrica en la actualidad. Las poblaciones analizadas fueron los hadza de Tanzania, los san de Namibia y los tsimane de Bolivia. Los resultados arrojaron que estos grupos duermen entre 6,4 y 7,1 horas por noche, un promedio que no supera al de las sociedades industrializadas.

Históricamente, a mediados del siglo XIX, se impuso una visión aritmética de la jornada diaria que dividía el tiempo en ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de sueño. Esta norma dominó el imaginario colectivo sin apenas escrutinio sistemático. De hecho, los informes tempranos, como una encuesta de la Universidad Stanford en 1913 que sugería que antaño se descansaban nueve horas, presentaban sesgos metodológicos al basarse únicamente en niños y adolescentes.

La síntesis de la investigación aclara qué ha cambiado realmente desde la llegada de la era industrial. Las modificaciones se concentran en cuatro grandes áreas: el descanso se ha desplazado hacia horarios más tardíos, se ha perdido la regularidad diaria, el reloj biológico ha dejado de guiarse estrictamente por la luz natural y, como consecuencia, los trastornos del sueño diagnosticables se han vuelto mucho más frecuentes en el hombre contemporáneo.

Además, los autores abordan la popular teoría del sueño segmentado o bifásico. El historiador Roger Ekirch, en su obra Al anochecer: la noche en tiempos pasados, sostenía que los europeos preindustriales partían su descanso en dos bloques, separados por un periodo de vigilia nocturna. Los científicos no descartan esta visión, pero matizan que la expresión primer sueño en las fuentes primarias tenía múltiples significados y no siempre aludía a una arquitectura nocturna dividida en dos mitades exactas.

De hecho, los experimentos modernos que encierran a voluntarios en oscuridad forzada durante catorce horas difieren enormemente de las condiciones reales del pasado, que solían estar iluminadas por el fuego o las velas. En definitiva, el análisis concluye que no existió una única norma ancestral de descanso y que los patrones actuales son, sencillamente, un reflejo de la ecología local, el clima y las exigencias del entorno laboral y social.

Por otro lado, la revisión narrativa también plantea la incógnita de si dormir el total necesario repartido en dos bloques conferiría los mismos beneficios para la salud que hacerlo de un tirón. Hasta el momento, la literatura científica no ha dictado sentencia sobre si un descanso fraccionado, pero con horarios fiables, rinde igual que el consolidado.

Leer el artículo completo