Víctor Muñoz, la bala roja que apunta al Mundial

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El 19 de diciembre de 1926, Severiano Goiburu anotaba el 2-0 en un España-Hungría disputado en Vigo y que concluiría con 4-2 en el marcador. Ha tenido que pasar un siglo para que un futbolista del Osasuna volviera a marcar vistiendo la camiseta de la selección. Lo hacía el viernes Víctor Muñoz (Barcelona, 2003), que a los 9 minutos de debutar como internacional batía a Vanja Milinkovic-Savic en La Cerámica y redondeaba la goleada ante los serbios. En el ratito que le concedió De la Fuente, su aportación fue mucho más allá del gol, dejando detalles de su poderío físico y velocidad, y causando un gran impacto que ya le sitúa en las quinielas para entrar en la lista del Mundial.

Cuentan amigos de su infancia que de muy joven ya era una “bestia física” y que cuando hacía la Course Navette, un clásico test físico de los colegios, iba muy por delante del resto. Muñoz se crió en el Turó de la Peira, en el distrito barcelonés de Nou Barris, y empezó a jugar en el Sant Gabriel. Entraría en la Masia con 11 años y ahí coincidiría con futbolistas de su generación como Casadó, Fermín o Balde. Aunque uno de sus mayores apoyos fue Marc Pelaz, actualmente en la Kings League. Los que le conocen dicen que es un chico “tranquilo, humilde y reservado” y que mantiene las distancias hasta que coge confianza.

Todos los que le conocen, tanto a nivel profesional como personal, destacan su timidez y humildad

En su año de cadete el Barça le abrió la puerta de la Masia, una noticia que le costó asimilar. Tenía el sueño de triunfar como azulgrana pero no perdió la esperanza de llegar a la élite y continuó trabajando. “Sacrificó muchas cosas”, subraya su entorno. Acabaría fichando por la Damm, donde estuvo a las órdenes de Luis García, actual entrenador del Las Palmas. “Era un jugador diferente al resto porque tiene unas características muy especiales, muchísima velocidad y potencia. Además, tenía buena capacidad técnica. Tenía claro que era un jugador que llegaría al máximo nivel”, confiesa el entrenador a este diario.

Tras cuatro años en la Damm recibió la llamada del Real Madrid, donde volvería a coincidir con Luis García. “Era un chico convencido de sus posibilidades”, agrega el asturiano. Aunque nunca llegó a ser internacional en las categorías inferiores de la selección, fue escalando en el club blanco. Y eso que no fueron años fáciles. Echaba mucho de menos a su entorno y, de hecho, aún hoy en día se escapa a Barcelona en cada ocasión que tiene.

A finales de la temporada pasada, Ancelotti le hizo debutar con el primer equipo nada más y nada menos que en un clásico. “Aquel día estaba muy nervioso”, admiten sus más allegados. Con la Liga en juego, Muñoz entró con 4-3 favorable al Barça y, casi sin esperarlo, se encontró solo ante Szczesny pero mandó el balón alto. Aquel fallo provocó una oleada de odio en las redes que le obligó a bloquear los comentarios en su cuenta de Instagram. “Aquello le hizo más fuerte”, remarcan los suyos. Unas semanas más tarde Xabi Alonso se lo llevaría al Mundial de clubs, donde jugó un par de ratos, mientras intentaba aprender de Mbappé en cada entrenamiento.

Con poco espacio para crecer, Muñoz se subió al tren del Osasuna en verano –aunque el Real Madrid, con el 50 por ciento de su propiedad, puede recomprarlo durante los tres próximos años por apenas 8 millones–. Braulio, director deportivo rojillo, lo conocía bien ya que su hijo, el valencianista Jesús Vázquez, también es de la generación de 2003. Y en Pamplona ha encontrado el contexto perfecto. Ahí se valora su esfuerzo en cada partido y no se castigan sus fallos. Ni en la grada ni en el vestuario, donde los capitanes premian siempre a jugadores como Víctor Muñoz. Además, tras un inicio de campaña en el que le costó adaptarse a jugar cada semana en la élite, ya ha encontrado su sitio. Ahora juega de segundo delantero y suma seis goles y cinco asistencias.

“Era diferente al resto, tiene unas características muy especiales”, remarca su extécnico Luis García

Y así, de repente, casi sin esperarlo, mientras estaba entrenando, un día le llegó la llamada de De la Fuente. “Es muy humilde y ha encajado perfectamente, sólo le pido que siga con esas ganas de mejorar”, le elogiaba el seleccionador tras su exitoso debut. En Las Rozas, donde hace vida con el grupo de los jóvenes –Lamine Yamal, Yeremy Pino, Dean Huijsen–, los que no le conocían mucho “alucinan” con su potencia.

Con permiso de Egipto, la bala roja apunta ahora al Mundial.

Luis Buxeres Pujol Soliano

Nací en Barcelona en 1975 y he desarrollado toda mi carrera en el ámbito deportivo. Aprendí en Mundo Deportivo, me asenté en La Razón, el ABC me devolvió al periodismo y La Vanguardia, donde trabajo desde 2015, me dio la oportunidad de crecer.

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