Ventaja para Irán

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Incluso para sus propios estándares caóticos, Donald Trump acaba de protagonizar una semana especialmente agitada en su equivocada guerra contra Irán. El presidente de Estados Unidos había amenazado con bombardeos inminentes y punitivos contra la infraestructura energética civil iraní. Aunque Irán no se amedrentó, los mercados sí lo hicieron. Así que llegó un giro de 180 grados. Trump afirmó haber tenido conocimiento de propuestas secretas para iniciar conversaciones de paz y decidió contenerse. Posteriormente, el Pentágono anunció que enviaría parte de la 82ª División Aerotransportada. Eso sugiere que la escalada sigue siendo una posibilidad. En medio de tanta incertidumbre, el régimen iraní parece permanecer impasible. Sorprendentemente, ahora cuenta con una ventaja estratégica sobre sus adversarios.

Es cierto que la República Islámica ha sufrido golpes dramáticos. Muchos de sus dirigentes y cientos de civiles han muerto. Sus defensas aéreas están destrozadas; su marina y sus lanzadores de misiles en gran parte han desaparecido. Y, sin embargo, el régimen persiste. Como advertimos cuando comenzó esta guerra, el mero hecho de sobrevivir ya cuenta, en cierto modo, como una victoria.

Un agente de policía monta guardia junto a un gran cartel con la imagen del fallecido Líder Supremo Ali Jamenei, este sábado en Teherán

Un agente de policía monta guardia junto a un gran cartel con la imagen del fallecido Líder Supremo Ali Jamenei, este sábado en TeheránMajid Saeedi / Getty

En el interior del país, el control del régimen no se está suavizando, sino que, en todo caso, se ha reforzado a raíz de la ofensiva de EE.UU. e Israel. Los duros Guardianes de la Revolución mantienen el mando. Los opositores internos, tanto separatistas étnicos como manifestantes urbanos, guardan un silencio absoluto. Las reservas iraníes de uranio altamente enriquecido, unos 400 kilogramos, siguen intactas, probablemente aún bajo los escombros. Pero lo más llamativo es que Irán ha conseguido imponer un férreo control sobre el estrecho de Ormuz, bloqueando las exportaciones de petróleo y gas del Golfo, que suponen una quinta parte del suministro mundial. Durante décadas, los estrategas militares estadounidenses han estado preparándose para este riesgo evidente. Sin embargo, la guerra ha demostrado tanto que Irán es capaz de asfixiar el estrecho como que sería tremendamente difícil hacerle soltar esa presa. La táctica iraní de guerra asimétrica, con misiles, drones baratos y posiblemente minas contra los barcos, está consiguiendo mantener a raya a la superpotencia.

Los aliados de EE.UU. en el Golfo no deseaban una guerra y ahora temen que Irán pueda ser una amenaza aún mayor

Mientras tanto, aunque sus aliados son ahora más débiles, Irán sigue teniendo bazas que jugar en el extranjero. Gracias a que los hutíes en Yemen han dejado de disparar misiles contra petroleros en el mar Rojo, parte del petróleo saudí, que se transporta hasta la costa esquivando Ormuz, logra llegar a los mercados internacionales. Esto mantiene contenido el precio global del petróleo, aunque en los últimos días se haya mantenido cerca de los 100 dólares el barril. Sin embargo, ahora los hutíes podrían verse incentivados a exigir un alto precio —como el reconocimiento internacional de su control sobre el norte de Yemen— a cambio de mantener la tregua. En Irak, los grupos chiíes alineados con Irán están girando sus ataques hacia los kurdos (y los estadounidenses). Por su parte, Hizbulah, el aliado de Irán en Líbano, podría recuperar parte de su legitimidad local como grupo de “resistencia”, justo cuando el país está siendo atacado por Israel. Un intento israelí de ocupación podría intensificar ese conflicto y reforzar la posición del grupo.

En el Golfo, los aliados de Estados Unidos no deseaban una guerra, pero ahora temen que un Irán herido y desafiante pueda convertirse en una amenaza aún mayor que antes. Sus sistemas de seguridad —defensas antiaéreas y costosos cohetes interceptores— son imperfectos. Sus economías parecen estar a merced de las amenazas iraníes. Una opción es implicarse por completo en la guerra junto a Estados Unidos. Emiratos Árabes Unidos ha advertido contra las negociaciones con Teherán y afirma que Irán está cometiendo “terrorismo económico” en la región. Según se informa, los saudíes quieren que Estados Unidos despliegue tropas terrestres.

Tampoco Israel es realmente más seguro que antes. Beniamin Netanyahu está encantado con el ataque sostenido contra Irán. Sin embargo, misiles iraníes han penetrado el espacio aéreo israelí y han causado víctimas civiles. La amenaza nuclear por parte de Irán no ha sido erradicada. Mientras no haya un cambio de régimen, la amenaza de misiles balísticos volverá, lo que obligará a Israel a atacar Irán cada pocos meses. Lo más preocupante para el Estado judío es que sus históricos lazos con EE.UU. pueden estar bajo presión. La guerra ya es impopular entre la mayoría de los estadounidenses. Si aumentan las bajas, suben los precios de la gasolina y caen los mercados, ¿a quién culparán? Ya hay sectores de la derecha republicana que señalan a Israel. El electorado, especialmente los jóvenes, se ha vuelto más hostil hacia el país; los grupos de presión proisraelíes en Estados Unidos están teniendo dificultades.

En resumen, a pesar de toda la potencia y sofisticación del ataque militar lanzado por EE.UU. e Israel, Irán considera que tiene la ventaja sobre Trump. Ha demostrado ser más capaz que Estados Unidos tanto de infligir dolor como de resistirlo. Trump inició su guerra, imperdonablemente, sin ofrecer una justificación estratégica. A pesar de algunos éxitos operativos y de su absurda afirmación de haber cambiado ya el régimen en Teherán, todavía no ha logrado ninguna ganancia sustancial en los combates. A medida que aumentan los costes políticos, Trump se verá sometido a una presión creciente. Sus opciones son intensificar la escalada o negociar.

Podría verse tentado a apostar por una escalada dramática, infligiendo daños a la infraestructura civil y a la industria petrolera de Irán con la esperanza de obligarlo a reabrir el estrecho. Los marines podrían tomar la isla de Jarg y sus instalaciones petrolíferas, hacerse con pequeños fragmentos de territorio costero u ocupar islas situadas dentro del estrecho. Esto podría aportar un beneficio militar limitado. Pero ninguna de estas jugadas parece capaz de asestar un golpe decisivo. Irán seguiría pudiendo lanzar misiles y drones desde su territorio o intentar minar el estrecho. Los soldados que ocuparan la zona pasarían rápidamente a convertirse en blancos fáciles. Trump, que lleva tiempo deseando borrar el recuerdo de la desastrosa aventura militar de Jimmy Carter en Irán en 1980, se arriesgaría a repetirla. Desplazar recursos a gran escala hacia la región debilitaría las fuerzas militares de Estados Unidos en otros lugares, especialmente en Asia.

Por tanto, la opción menos mala es buscar negociaciones serias. El Gobierno de Pakistán está dispuesto a mediar. Trump afirma haber ofrecido a Irán un plan de 15 puntos, aunque las autoridades de Teherán niegan que se estén llevando a cabo conversaciones. Sin embargo, Estados Unidos ha entablado negociaciones en el pasado de mala fe, utilizándolas como pretexto antes de atacar. Por eso, Irán se mostrará escéptico.

Así que Trump debe aceptar un alto el fuego total y obligar a Israel a respetarlo. Las negociaciones para reabrir el estrecho y alejar a Irán de su programa nuclear serán extremadamente difíciles. Y cualquier acuerdo que finalmente se alcance será peor de lo que se podría haber conseguido antes de que comenzara la guerra, porque Trump, sin quererlo, ha reforzado la posición de los sectores más duros y ha dejado claro el poder que tienen sobre el control del estrecho. El resultado es que, al menos por ahora, la ventaja está del lado de Irán.

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