Hay misterios que los seres humanos investigan desde siempre. Algunos enigmas, a fuerza de buscar, terminan en una respuesta. Otros, sin embargo, se quedan en el cajón de los irresueltos. Difícil que se descubra jamás el aspecto del mundo de los muertos, si es que existe. Aunque, tras visitarlo en una visión, Santa Teresa de Ávila contó que era apestoso, y falto de amor. El comiquero David B. no puede confirmarlo de primera mano, pero leyó el relato de la mística española y dibujó su propio Más Allá. “Me lo imaginé semejante a la realidad, como una caricatura, con gente que trata de seguir como si estuviera viva”, cuenta. Un lugar con casas, restaurantes, oficios, coches o animales. Pero sin frío ni calor, ni tampoco olores o clima. Donde los edificios se multiplican y amontonan, la comida está hecha de sombras y desfilan criaturas como un dios olvidado, el periódico de ayer o un esqueleto fuera de su armario. O el trajeado anfitrión que da el título a El señor Búho y el País de los Muertos, recién editado en castellano por Salamandra Graphic.
Otra frase contribuyó a guiar el tebeo: “Tigre para siempre”. Sale de un relato de Horacio Quiroga, donde un felino trata sin éxito de emprender otras vidas, hasta abrazar con orgullo lo que ya es. David B. y Marine, su expareja durante 10 años, lo convirtieron en “el eslogan” de su relación. E incluso cuando ya se habían separado, ella impulsó al autor a prolongar aquellas 12 páginas sobre un señor Búho y una joven en el Más Allá que había dibujado en los noventa. En ese reencuentro, Marine le contó que padecía un cáncer. Y que se sentía identificada con esa chica que tiene miedo de su sombra, pero se atreve a pisar el otro mundo. “Lo hice pensando en ella”, relata el artista. Su expareja, sin embargo, nunca pudo leerlo. Aunque su recuerdo brilla en Marie, una protagonista asustada, valiente, enérgica y apasionada de la vida. Y en la dedicatoria, en la primerísima página.
“A veces todos tenemos miedo de nuestra sombra”, apunta David B. La de Marie, en concreto, tiene silueta de tigre indomable. De ahí que el señor Búho le convenza para adentrarse en el mundo de los muertos y tratar de amansarla. Se desata así una aventura onírica, con toques de humor, lágrimas y noir. Y desencadenado parece encontrarse el propio artista: a sus 67 años, el autor de la célebre novela gráfica Epiléptico, sobre la enfermedad de su hermano, da aquí rienda suelta a las ideas, los dibujos, las extrañezas y los giros narrativos que poblaban su cabeza. “Ahora hago los libros que quiero, que me gusta dibujar. Suelo empezar por una sensación, algo que me apetece diseñar”, asegura.
El historietista David B. el miércoles 4 de marzo en Madrid. Víctor SainzEl artista siempre lleva consigo un cuadernito, para que la inspiración nunca le coja desprevenido. Mientras enseña las hojas, repletas de textos y garabatos, cuenta que estos días no ha dibujado mucho: bastante tenía con presentaciones y viajes por media España. Sin embargo, su pasión por el tebeo le acompaña a todos lados, desde hace décadas. Dice que ya estaba oculta tras la decisión de estudiar publicidad, solo para contentar a sus padres. Ni en casa de dos profesores de arte, por lo visto, el cómic se consideraba una buena elección laboral. “Entonces no se veía como una profesión. Me dijeron que podría hacerlo si acaso como diversión, si tenía tiempo. Pero yo elegí esa escuela porque estaba Georges Pichard, que enseñaba tanto publicidad como tebeos. Y me metía a sus clases incluso si no me tocaban, a escondidas…”, comparte el artista. Llegó a sacarse el diploma, pero nunca ejerció. Y cuando, en 1990, fundó con otros historietistas la editorial independiente L’Association, su apuesta por las viñetas quedó sentenciada.
El paso del tiempo la ha ido validando. A lo largo de los años, David B. ha publicado un homenaje surrealista a Nick Carter y André Breton, un esotérico paseo por París en Los sucesos de la noche o una mezcla de guerra y sueños en La lectura de las ruinas. Ni cuando aborda el realismo, como en sus Diarios en Italia o en Epiléptico, renuncia a la magia. Su obra más conocida contaba el dolor de un niño y de una familia entera. Y afrontaba la paradoja que puso en marcha la carrera del autor: el sufrimiento tan cercano hizo brotar también su arte. “¿Cómo asumir que la desgracia que destruyó a su hermano es lo que dio razón a su vida?”, lo resumía la sinopsis de Epiléptico, considerado a menudo uno de los mejores del siglo XXI.
Viñeta de 'El señor Búho y el País de los Muertos', de David B., editado en español por Salamandra Graphic.“Es el libro que me convirtió en el autor que soy, con el que aprendí a dibujar, mi estilo. Mi obra de nacimiento”, apunta David B. Antes de publicarlo, el artista pactó con su familia qué partes de su intimidad no deberían hacerse públicas. “No quería hacer un libro en su contra”, recuerda. Pero los recientes fallecimientos de su hermano y su madre le han empujado a retomar su obra maestra. La continuación, que está preparando, pretende recuperar material que no compartió entonces, así como narrar lo sucedido en los últimos años. Y eso que el autor no es muy de mirar atrás: no suele volver a leerse, explica que a menudo ni recuerda sus viejos trabajos. “Cuando tengo que hacerlo, para alguna exposición, en realidad me gusta, porque se me ha olvidado todo. Y me pone bastante contento mi recorrido, me doy cuenta de que he hecho muchas cosas y sigo teniendo ganas de dibujar y contar historias”, agrega.
Con casi 70 años, igual que con 30. Aunque su estatus sí ha cambiado. Y con ello, quizás, su libertad: “Siempre he podido hacer lo que me apetecía, nunca libros que no quisiera. Pero sí me he encontrado confrontándome con algunos grandes editores por elecciones que no compartía. Solía trabajar en obras con ellos para financiar las que quería lanzar a través de L’Association. Ahora que soy mayor he elegido dedicarme a lo que me gusta”. El cuardenito en su bolsillo no ve la hora: tiene muchas páginas aún en blanco.
Viñeta de 'El señor Búho y el País de los Muertos', de David B., editado en español por Salamandra Graphic.
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