O estamos con Donald Trump y EE.UU. o apoyamos a Irán y sus fanáticos ayatolás. Las posiciones equidistantes entre uno y otro son falsas. Aquí no cabe la tibieza. La teología católica ayuda mucho a quienes dudan: Dios siempre vomita a los tibios. Sed quia tepidus es, et nec frigidus, nec calidus, incipiam te evomere ex ore meo. Porque el cristianismo es más que una religión, sobre todo comparada con las mil formas de paganismo de nuestro tiempo, nos muestra que el conocimiento de Dios es imposible sin conocer todas las miserias del mundo. O apoyamos a Trump o nos situamos a la sombra de esa ingente masa de opiniones sin fundamento que se pone al lado de los ayatolás. Quienes rechazan a Trump, irremisiblemente se refugian en la madriguera de los cobardes. No hay términos medios. Trump es un gran hombre de Estado. Encarna todos los valores del Occidente civilizado, o sea, cristiano. Los ayatolás de Irán representan todas las miserias de la humanidad, especialmente su voluntad criminal de acabar con la civilización occidental.
Desde hace 47 años, los ayatolás de Irán solo tienen un objetivo: acabar, primero, con el Estado de Israel, que es el que mejor defiende la civilización occidental en el mundo árabe, y después eliminar a EE.UU., que es su principal aliado. Llevamos en guerra, sí, 47 años, y Trump quiere acabar con el asunto. Y, afortunadamente, lo está consiguiendo. Él no empezó esta guerra y, por eso, es el primer interesado en que acabe cuanto antes; por lo tanto, nadie tiene más credenciales que Trump para defender el eslogan del "No a la guerra". El resto son mandangas. Esas añagazas han sido descubiertas, una por una, por EE.UU. y, por eso, Europa pagará caro su displicencia, apatía e indolencia a la hora de prestar ayuda a EE.UU. contra Irán. Europa ha jugado a la tibieza y ya lo está pagando. Indulgente en exceso es Trump cuando amenaza con salirse de la OTAN, porque se han inhibido esos países de implicarse al menos moralmente a favor de EE.UU.; y aún se muestra demasiado prudente el mandatario norteamericano cuando les recuerda a esas naciones que tendrán que pagar a EE.UU. por abrir el estrecho de Ormuz.
De España y su tiranía es mejor no hablar demasiado. ¡Para qué hacer propaganda del esbirro puesto por los separatistas y comunistas en el poder! España no es que sea poco en el orbe mundial. Es que no existe en el terreno internacional. Somos únicamente campo de experimentación del islamismo-comunista. España, sí, con Pedro Sánchez apenas es un nombre para que la Administración de Trump nos ponga como uno de los casos de país sin otro horizonte que excavar su propia fosa. En ello estamos. ¿O acaso la negativa de Europa a recibir los millones de personas que pretende Sánchez regularizar en España puede interpretarse de otro modo?
Repitamos, pues, la "cosa" conceptual: criminales, islamistas, socialistas, comunistas y terroristas están del lado de Irán. Y los tibios también apoyan a Irán, aunque simulan cierta equidistancia entre Donald Trump e Irán. Falsos. Entre los tibios se cuenta la gente del PP, quienes ya solo engañan a quienes se dejan embaucar por sus pellizcos de novicia: "No a la guerra y no a Sánchez". Bobadas. El Gobierno de Sánchez está, repito, entre los criminales, islamistas, socialistas y comunistas que defienden a Irán. He ahí lo real. El conocimiento de las miserias está al alcance de cualquiera, pero, por desgracia, quienes cierren los ojos para no verlas jamás alcanzarán a vislumbrar el susurro de Dios. O EE.UU. o el Irán de Sánchez. O apoyamos la guerra, o sea, que Trump acabe con la guerra de los ayatolás contra Occidente, o estamos con Irán y Sánchez. El resto, repito, son engaños a los que se presta con sumo gusto la mayoría de los medios de comunicación de la derecha y la izquierda. La mayoría de la prensa española, pagada por el PSOE, el PP y los separatistas de todo género, está con Irán y, por supuesto, denigran la figura del estadista más grande del mundo contemporáneo, Donald Trump, encarnación y símbolo de la primera potencia política, militar, cultural y económica del mundo. Allá los tibios con sus miserias, pero en el pecado llevan la penitencia; porque Trump es la principal unidad de medida moral y política de Europa y el resto del mundo. No hay otra equiparable al presidente de los EE.UU. Nada escapa a su figura. Políticos, militares, intelectuales, naciones y partidos, etcétera tienen que ser medidos de acuerdo con el rigor lógico y ontológico de Trump. Ese hombre, sí, encarna las virtudes y los defectos por los que medir al resto de los políticos del mundo entero. La cosa es tan obvia que resultaría una imbecilidad intentar buscarle un sustituto entre los cientos de presidentes de Estados y de gobiernos del mundo. Entre Xi Jinping, por citar a uno poderoso y comunista, y Trump solo un necio moral o un criminal político elegiría al primero. Lo sé, millones de necios, entre ellos millones de españoles de nacimiento, prefieren al chino que a Trump. Es la prueba evidente de su necedad. Sí, entre cualquiera de los hombres de "Estado" de Europa por un lado, y Trump por otro, nadie con entidad moral e intelectual pondría como patrón a ninguno de los primeros. Macron, Merz o cualquier otro son pigmeos al lado de Trump... La necedad y la cobardía de los primeros solo puede medirse por la inteligencia y el coraje del segundo para acabar con una guerra que los ayatolás de Irán iniciaron, repito, hace cuarenta y siete años, contra Occidente y el Estado de Israel que, en este último caso, adquirió tintes trágicos con la masacre 7 de octubre de 2023, sin duda alguna patrocinados por Irán.
En fin, porque no hay color, como se dice coloquialmente, entre Trump y los otros. Es absolutamente descabellado diagnosticar, evaluar y pronosticar qué pasará aquí, en España, y en el mundo sin contar con las afrentas percibidas por Donald Trump por parte de sus socios de la OTAN, especialmente de España, que han llevado a la Casa Blanca a estudiar seriamente su salida de la Alianza, creada en 1949 para garantizar la defensa colectiva de Occidente tras la II Guerra Mundial.

Hace 2 horas
1







English (US) ·