El presidente del gobierno ha encontrado un nuevo filón electoral al que agarrarse, cuando ya parecía amortizado, se ha reinventado con una estrategia movilizadora que, como siempre, pilla a la oposición con el pie cambiado. Quizás sea el presidente que mejor ha entendido a la sociedad española y el pulso de la izquierda y esta es una ventaja enorme si uno se deja los escrúpulos en el cajón.
España, que olvidó su sentido imperialista hace mucho tiempo enfangada en guerras civiles absurdas, y la izquierda en particular han hecho del yanquis go home una seña de identidad que perdura en los corazones de una gran parte del electorado que ve en el modelo de vida y político norteamericano la antítesis de sus principios ideológicos. Ser la mosca cojonera de Trump se puede convertir en un arma de doble filo, hundir nuestros intereses como país y movilizar a los que solo aspiran a continuar con una senda de gobierno radical de cesiones y de desprestigio de la nación española.
La guerra absurda que Estados Unidos ha comenzado en Irán tiene enormes aristas que pueden producir consecuencias de todo tipo muy contrarias a las originales, y Sánchez adivina en todas ellas una enorme capacidad de movilización de la izquierda que, ante la empresa de enfrentarse a los Estados unidos, a Goliat, olvidará la corrupción, las cesiones a los nacionalistas y hasta las derrotas en esas elecciones menudas y locales como son las autonómicas. Frente a lo local, a los minúsculo, Sánchez se erigirá en el defensor de los grandes valores, en definitiva, de la patria, la libertad y la paz. Es muy posible que mis lectores consideren que todo esto es una barbaridad, pero es que Sánchez no está pensando en ustedes, sino en todos aquellos que solo ven ventajas en este enfrentamiento y sobre todo una reafirmación de sus principios.
¿Hasta dónde estaría dispuesto a llegar el presidente para conseguir revertir la tendencia electoral? Pues hasta el final. Una ruptura de relaciones, una retirada de las bases, una llamada de embajadores a consultas serían casos de éxito. Y para ello cuenta con un gran aliado al otro lado del Atlántico, el incontenible Donald Trump, que también necesita de muchos casus belli para justificar su acción. De esta manera el choque es inevitable y de consecuencias extraordinarias y muy negativas para España, no solo ya porque Sánchez pueda repetir el Frankenstein 3.0, sino por la economía, el comercio, la posición estratégica de España y las relaciones regionales. Demasiados activos en juego para intentar ganar unas elecciones, aunque sea perdiéndola otra vez.
La oposición centrada en lo próximo, en el menudeo autonómico, en los 'caucus' de la derecha como los denomina un amigo mío, no se está percibiendo de una estrategia que ya comienza a visualizarse en las encuestas y es que, si la guerra y sus consecuencias se agravan o alargan, daría vitaminas y abundancia de colágeno al presidente del gobierno.
Vox tiene con Trump un enorme motivo de discordia, sus dirigentes aplauden a Trump diga o haga lo que sea, y justifican cualquier acción militar contra Venezuela, Irán o Cuba como una operación liberadora contra las dictaduras radicales o comunistas, pero nada de esto le interesa a Trump. Los votantes del movimiento MAGA observan con estupor la alianza semita, las acciones imperialistas cuando solo aspiraban a ser grandes otra vez estando solos y aislados del mundo, y no metidos en todos los fregados y creen que el presidente les ha traicionado y ya le vuelven la espalda. Pero cuidado que en la derecha conservadora española hay mucho anti-yanqui también.
El Partido Popular entre sus distintas versiones en política exterior necesita una sola voz y esta debe ser fuerte para apagar a los que matizan o intentan ver ventajas en estas acciones. La operación en Venezuela no ha servido para devolver la democracia sino para sostener la dictadura de la mano de sus amigos españoles y llegar a un acuerdo de concesiones petroleras. En Irán, Trump no dudaría hacer lo mismo si no fuera porque todos los vecinos en la región desean ver el final de Irán, no del régimen sino del país, una pesadilla que dura ya miles de años, pero sus intenciones no son generosas ni bondadosas.
Trump no representa los valores democráticos, los del centro derecha europeo, ni siquiera los del respeto. Para los que solo quieren un presidente de derechas para insultar al contrincante político, les puede encantar, pero nada ha mejorado en los Estados Unidos y en el mundo desde que Trump es presidente, más bien todo lo contrario.
Es la hora de Europa, es la hora de enfrentarse a Trump, pero no por intereses electorales sino por principios y los partidos del centro derecha europeo deben hacer frente común y tomarse en serio la nueva realidad. Trump se ha puesto del lado de Putin en la guerra de Ucrania con el objetivo de fastidiar a los europeos y exige a los europeos solidaridad para explicar internamente que no está solo con Israel contra Irán, no podemos caer en sus redes porque resulta muy difícil salir.
Trump ha tropezado en su propia trampa y la factura va a ser tremenda. El movimiento que le aupó a la presidencia y que él ocupó le da la espalda, y lo más sintomático es el abandono del vicepresidente Vance que busca el momento para despedirse del cargo y comenzar a pensar en las próximas presidenciales. Marco Rubio quemando sus velas, se erige en la pieza que será sacrificada cuando todo salga mal, cuando las cosas se tuerzan en el campo de batalla y en la economía, lo que ya está sucediendo.
Pero España no puede pretender enfrentarse sola a los Estados Unidos, hay muchos intereses que proteger y el Partido Popular debe coordinar un gran movimiento europeo contra Trump y a favor de los Estados Unidos, mientras persevera en su oposición a la guerra en Irán y se compromete a luchar firmemente por Ucrania. Es muy posible que, en enero, la presidencia haya decaído y los Estados Unidos se percatarán de que su mejor opción estratégica es alinearse con Europa contra las amenazas reales, no aquellas que solo afectan a unos pocos, sino las que realmente pueden llevarnos al caos y el enemigo a batir es Putin, no deben confundirse los americanos, solo en los valores democráticos y occidentales ganamos todos. Si ahora resistimos, Netanyahu, Trump, Putin se marcharán, pero quedará para la historia que Occidente resistió una vez más y ganó.
Es inútil pretender buscar un discurso alternativo a Sánchez, todos debemos estar activamente en contra de esta guerra absurda que Trump debe resolver solo, pero no lo hagamos solos con un coste enorme para un rédito electoral infinitamente menos importante, menos para el presidente obviamente, sino que asumamos todos juntos el coste de decir no a Trump y sí a los Estados Unidos de Norteamérica en su 250 aniversario. Pero defendamos los intereses españoles primero, de nuestros agricultores, ganaderos, de nuestra industria, antes de empeñarnos en sacrificarlos para otra guerra absurda en la que no debemos caer, que es a la que pretende llevarnos el gobierno.

Hace 18 horas
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