Los culés están indignados, con razón, con la lesión de Raphinha. Algunos incluso la interpretan como la prueba de que el Barça ya no podrá competir por los títulos en disputa. Ponerse la venda antes de la herida forma parte de una tradición con la que, por suerte, las nuevas generaciones ya no comulgan. De la lesión son responsables a) la fatalidad, b) Raphinha, que no negocia esfuerzos y entiende que jugar con su selección es el máximo honor patriótico, c) el Barça, forzado a aceptar un calendario que satura el rendimiento de los equipos y sabotea la salud de los clubs y d) una industria insaciable que, en nombre del espectáculo, explota la materia prima más frágil: los jugadores.
A la hora de lamentarse, los culés saben ser creativos. Los hay que atribuyen a Carlo Ancelotti la villanía de reservar a Vinícius y no a Raphinha, y así encuentran la doble satisfacción de preocuparse por un jugador propio y criticar el eterno equipo rival. Ayer, en El suplement (Catalunya Ràdio), el abogado Carles Monguilod decía: que un jugador como Raphinha se lesione con su selección equivale a que te pongan los cuernos. “Que se lesione con el Barça, lo puedes entender, pero ¿con la selección?”.
La lesión del brasileño provoca especulaciones verosímiles y viscerales
La analogía del adulterio sitúa la pasión futbolera en un ámbito de monogamias sacralizadas, que ya no se corresponden con las exigencias –poliamor puro y duro– del calendario. Por seguir con la tesis de Monguilod, el jugador volverá a casa (que le paga el salario) con una enfermedad de transmisión futbolística.
Para aplacar el impacto depresivo de la fatalidad, visito los alrededores del Camp Nou, esperando que la monumentalidad de la obra aniquile los pensamientos mezquinos. Oh. Las grúas y el paisaje impresionan. Coincido con otros culés que, además de hacerse fotografías ante el estadio, comentan el ritmo de las obras con optimismo y el futuro del equipo de aquella manera. Uno de los culés es un hombre relativamente joven –a partir de cierta edad, casi todo el mundo te parece joven–, que, en un castellano con acento británico, me pregunta quién es el arquitecto autor del proyecto. “No lo sé”, respondo, y, al llegar a casa, se lo pregunto al ChatGTP.

Mientras la inteligencia artificial procesa la pregunta, recuerdo las reflexiones de Francesc Mitjans, uno de los tres arquitectos autores del Camp Nou inaugurado en 1957, y la egolatría alucinógena y psicotrópica de aquel proyecto de Norman Forster que recordamos como el Lacasitos Stadium. Llega la respuesta: “El proyecto no lo firma solo un arquitecto sino un equipo internacional multidisciplinar. El diseño es obra de Nikken Sekei, b720 Fermín Vázquez Arquitectos e IDOM”. La respuesta me hace pensar en la excelente película El arquitecto , estrenada recientemente. Explica cómo sufrió el autor del proyecto del Arco de la Défense en París (el danés Otto von Spreckelsen), encargado por el presidente François Miterrand. Por coherencia y dignidad, y harto de los incumplimientos y la mediocridad de los intermediarios, el arquitecto- autor abandonó el proyecto y ni siquiera pudo verlo acabado. Von Spreckelsen también tuvo que luchar contra todo y contra todos. Pero perdió. Ojalá el Barça sepa, con lesiones indignantes y proyectos multidisciplinares, encontrar el modo de seguir compitiendo.

Hace 2 días
4



English (US) ·