"Soy la primera dama de la República de Venezuela", así se identificó Cilia Flores cuando un juez estadounidense le pidió que se identificara tras ser capturada junto a su esposo –Nicolás Maduro– en su fortaleza de Fuerte Tiuna (Caracas) y trasladada a Nueva York, donde se enfrenta a cargos por narcoterrorismo y tráfico de armas, entre otros. Pero la pareja del sátrapa venezolano –de 69 años– es mucho más que la mujer del presidente, según el retrato criminal publicado por el periódico Wall Street Journal.
El diario dibuja a Flores como una "jefa del crimen organizado". "Una acusación federal, revelada el mismo día en que comandos estadounidenses sacaron a Flores y Maduro de su habitación en Caracas, la acusaba de conspirar con altos funcionarios venezolanos para introducir de contrabando cientos de toneladas de cocaína en Estados Unidos, aceptar sobornos para permitir vuelos de narcotráfico y ordenar asesinatos", argumenta el WSJ.
"La acusación formal ofrecía pocos detalles sobre Flores", admite el rotativo norteamericano. Pero recopila una serie de entrevistas, testimonios e información sobre casos previos en los que estaban involucrados familiares de la exprimera dama venezolana que reflejan cómo fue el ascenso de la política, que fue asesora de Hugo Chávez y alcanzó grandes cuotas de poder, hasta el punto de influir en el sistema judicial en favor de los narcos.
El Jardín de Flores
Cilia habría ido tejiendo una red criminal, de la que formaron parte numerosos miembros de su familia, que se conoce como "El Jardín de Flores" en Venezuela. "Según consta en los registros judiciales y testimonios de antiguos socios", explica el diario, facilitó a sus allegados "rutas de narcotráfico, contratos estatales e impunidad".
"Su nombre le abrió las puertas a lucrativos acuerdos con la petrolera estatal venezolana y permitió a sus familiares transportar cargamentos de droga desde el hangar presidencial del aeropuerto internacional de Caracas", añade. "Pocos se atrevían a desafiarla", asegura. Lo cierto es que el Gobierno estadounidense ha sancionado a una docena de miembros del clan por corrupción y narcotráfico.
Entre ellos los tres hijos que tuvo con su primer marido, el policía Walter Ramón Gavidia –con el que se casó en 1978–, una hermana y un sobrino al que se considera el cerebro financiero de la organización criminal. En 2015, la DEA detuvo a dos de sus sobrinos en Haití cuando intentaban hacer una transacción de cocaína que –según explicaron ellos mismos a los investigadores– tenía como objetivo financiar la campaña política de Flores.
De Chávez a Maduro
Flores, abogada penalista de profesión, se convirtió en íntima de Chávez tras el intento de golpe de Estado fallido de 1992. Era la única de sus colaboradoras que le tuteaba y le llamaba por su nombre de pila, Hugo. "Pasó horas con él en la prisión de Yare, un complejo penitenciario superpoblado a las afueras de la capital, elaborando planes para Venezuela en el nuevo siglo", recoge el WSJ.
En consecuencia, "ascendió rápidamente" una vez que el líder bolivariano tomó el poder. De hecho, una vez que ganó las presidenciales de 1998, Cilia tuvo un papel fundamental en el aparato chavista. Ayudó a reescribir la constitución, formó parte de la nueva Asamblea Nacional y se convirtió en la primera mujer en presidir el parlamento. En los últimos años de vida de Chávez, ejerció como fiscal general del Estado.
Al que sería su segundo marido le conoció durante una de las visitas a Chávez en prisión. Entonces, Nicolás Maduro era líder sindical y asesoraba al político venezolano. Aunque oficializaron su matrimonio en 2013, poco después de que Hugo muriera y su pareja se convirtiera en su sucesor al frente del Gobierno, mantienen una relación sentimental desde la década de los 90.
Influencia sobre la justicia
El exfiscal venezolano Zair Mundaray asegura que Cilia Flores creó un "sistema de impunidad" para el narcotráfico. El testimonio recogido por el diario estadounidense explica que la abogada estrechó sus lazos con representantes del ministerio público y adquirió su conocimiento sobre el funcionamiento de las bandas de narcotraficantes cuando ella trabajaba como "taquígrafa en el equivalente venezolano del FBI". Después, su nombramiento como presidenta de la Asamblea Nacional –en 2006– le permitió participar de la selección de jueces, especialmente de magistrados del Tribunal Supremo, y aumentar su influencia sobre ellos.
Esos cargos la colocaron, en su declaración jurada para la DEA, en el centro de la creación de un "importante conducto para el narcotráfico" en Venezuela para desafiar a George W. "inundando" Estados Unidos de cocaína. "Mientras otros autodenominados revolucionarios del gobierno de Chávez desviaban fortunas del torrente de gasto público, Flores encontró su propio nicho lucrativo: inclinar la balanza de las investigaciones criminales", afirma el Wall Street Journal citando fuentes de personas que trabajaron con ella. "Esta sensación de seguridad, la posibilidad de traficar y operar sin consecuencias legales, se debe a Cilia Flores", señala Mundaray al mencionado diario.
Unas declaraciones que van en línea con la acusación del Gobierno estadounidense, que afirma que la exprimera dama aceptó cientos de miles de dólares en sobornos para facilitar una reunión en 2007 entre un importante narcotraficante y el director de la oficina antidrogas de Venezuela, por ejemplo. Las fuerzas policiales terminaron operando como bandas de narcotraficantes, añade un venezolano que trabajó como contratista para la DEA –Martín Rodil–. Según su testimonio, ratificado por otros exfuncionarios de su país, cuando los agentes capturaban a traficantes ajenos a su alianza, les confiscaban la droga y la vendían.

Hace 17 horas
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