Putin gana con la guerra en Irán: más petróleo ruso y menos atención a Ucrania

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La llegada a Cuba del petrolero ruso Anatoli Kolodkin con 100.000 toneladas de crudo, previo permiso de Donald Trump, fue este lunes asunto destacado en la televisión y las emisoras de radio de Moscú, donde se vivió como una victoria propia. La isla del Caribe queda lejos de la guerra entre Rusia y Ucrania, principal preocupación del Kremlin. Pero que el crudo ruso logre pasar el bloqueo estadounidenses es un indicio de que la otra guerra del momento, la de Trump en Irán, le está viniendo de perlas al jefe del Kremlin, Vladímir Putin.

La economía rusa, que tras cuatro años de conflicto armado con Ucrania comienza a renquear, recibe ahora un inesperado respiro. El fuerte aumento del precio del petróleo permite a Moscú vender su crudo a precios de mercado, cuando antes lo tenía que hacer con grandes descuentos debido a las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea.

Este mes de marzo Washington ha levantado temporalmente las sanciones al oro negro ruso para “permitir que el petróleo fluya hacia los mercados globales”. Hasta el próximo 11 de abril, permite la venta y suministro de petróleo ruso que se hubiese enviado a los petroleros antes del 12 de marzo.

Gas y petróleo suponen una cuarta parte del presupuesto de Rusia

Todo esto permite a Putin ir tapando el agujero que la guerra en Ucrania estaba abriendo en los presupuestos rusos. La necesidad mundial de gas natural, fertilizantes, helio o aluminio (a los que también afecta el cierre del estrecho de Ormuz) suponen beneficios adicionales para los bolsillos de Rusia, que los produce en grandes cantidades.

Gas y petróleo suponen un cuarto del presupuesto ruso, lo que les hace fundamentales para financiar la guerra en Ucrania. Muchos analistas creen que Rusia se encaminaba hacia una crisis presupuestaria que el Kremlin planeaba atajar con reajustes de gastos y aumento de impuestos. Ahora los recortes ya se han aplazado a 2027, según el Ministerio de Finanzas ruso.

Las ventas de petróleo ruso y derivados cayeron en febrero a 6,6 millones de barriles diarios, el nivel más bajo desde el inicio de la guerra de Ucrania, en 2022, según la Agencia Internacional de la Energía. Los ingresos se habían desplomado un 30 % respecto a un año antes.

Pero este marzo los envíos a India, que había frenado la compra de petróleo ruso obligado por EE.UU., se han doblado respecto a febrero, según la agencia Kpler. Sus refinerías han llegado a comprar el crudo de los Urales incluso cinco dólares más caro que el de referencia Brent.

150 millones de ingresos adicionales cada día

Los analistas subrayan que 10 dólares de aumento en el precio mensual promedio del petróleo ruso genera a Rusia 2.800 millones de ingresos adicionales. De ellos, el Tesoro ruso recibe 1.630 millones a través de impuestos. Según calculó The Financial Times a mediados de marzo, los presupuestos rusos habían recibido 150 millones adicionales cada día.

En este contexto, la que sale perdiendo es Ucrania, que lleva meses atacando con sus drones las infraestructuras energéticas rusas, como refinerías y las últimas semanas sus puertos exportadores del mar Báltico. Sus esfuerzos por provocar daños a la principal fuente de ingresos de la industria militar rusa deja de ser tan efectiva como Kyiv querría.

Comentando la decisión de Trump de relajar las sanciones al petróleo ruso, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, señaló a mediados de marzo: “Definitivamente, eso no ayuda a la paz”. Luego, en la BBC, Zelenski dijo que Putin quiere una “guerra larga” en Irán porque eso debilita a Kyiv, ya que Washington tendría que dedicar menos recursos a Ucrania.

Que Rusia invierta más dinero en su industria militar y la construcción de armas “supone, por supuesto, más desafíos para Ucrania, obviamente, pero también para el resto de nosotros, incluido EE.UU”, decía la semana pasada en The Hill el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Suecia, Michael Claesson.

Precaución en Moscú ante el futuro de la guerra en Oriente Medio

La actual situación también puede contribuir a fortalecer más los lazos económicos entre Rusia y China. Pekín no se ha mostrado muy entusiasta en los últimos años con la idea de desarrollar el proyecto del gasoducto Fuerza de Siberia 2, que permitiría doblar la cantidad de gas natural que actualmente Rusia puede exportar al gigante asiático. El embudo de Ormuz puede hacer que lo vea con otros ojos.

Aunque Rusia esté saliendo ganadora en el plano económico, en Moscú no tiran cohetes al aire. Hubo algunas expresiones de alegría al inicio de los bombardeos de Israel y EE.UU. contra Irán, el 28 de febrero, como el mensaje en la red social X de Kiril Dimítriev, enviado especial de Putin, que pronosticó con razón que el precio del barril de petróleo saltaría del entrono de los 70 dólares en que se encontraba a los cien. De hecho, en ocasiones como ahora se acerca a los 115-120.

Pero lo imprevisible de las decisiones de Trump y las consecuencias globales del conflicto hacen que el Kremlin vaya con pies de plomo. Si la guerra terminase rápidamente, los beneficios de los presupuestos rusos no serían tan cuantiosos.

“Los precios del oro negro ya se fijan en valores de tres dígitos, lo que, por supuesto, ayudará a reponer nuestras arcas”. Pero si la guerra en Irán se prolonga, el petróleo supera los 120 dólares y se produce una profunda recesión mundial “la demanda del petróleo ruso se reduciría, los precios también caerían. Esa perspectiva también hay que tenerla en cuenta”, explica en el digital Gazeta.ru el diputado Serguéi Chizhov. En ese caso, Rusia dejaría de ser necesaria.

Gonzalo Aragonés

Corresponsal de La Vanguardia durante más de dos décadas en Moscú. Con anterioridad, escribió para este diario desde Hong Kong y cubrió acontecimientos como el referéndum de independencia de Timor Oriental (1999) o la guerra de Afganistán tras los atentados del 11-S (2001). En la "prehistoria" trabajó en Madrid para la revista Cambio16 y la siempre recordada Jaque, especializada en ajedrez, una de sus grandes pasiones.

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