Musk y el delantero culé

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Cuando hace unos días apareció Melania Trump caminando por la Casa Blanca junto a un humanoide, de inmediato surgieron los sarcásticos habituales con su pregunta incisiva: “¿Quién es el humano y quién es el robot?”.

El meollo de la cuestión reside en que si algo caracteriza a la primera dama de Estados Unidos es su total falta de expresión facial, como la de esa máquina andante, y su poca empatía. Dicen...

Ese humanoide podía caminar, hablar e interactuar como un humano. Esa exhibición pretendía subrayar la ayuda que la inteligencia artificial (IA) puede dar a la educación (¿sustituta del maestro?) y demostrar el avance que ya ha logrado con esos humanoides, en vías de poner en peligro a los humanos.

¿Alguien se imagina que los grandes clubs de fútbol fichasen robots? Ahí está el Barça, que echa de menos a un delantero centro. Pues nada, se va al laboratorio de Elon Musk y se le encarga uno con instinto de killer del área, buen pie y cabeza y dosis teatrales con los piscinazos para pedir penalti. Y entonces el Real Madrid solicita un defensa central que neutralice a ese rematador y el fútbol se robotizará, término que dicho ahora aún equivale a aburrimiento.

Hoy es ciencia ficción, pero esto va muy rápido. Solo hay que ir a Los Ángeles (entre otras ciudades de EE.UU.) para fascinarse con los vehículos autónomos que hacen de taxis. Lo más impactante no es verlos con clientes, sino cuando van vacíos y errantes. ¿Cómo no imaginarse una carrera de Fórmula 1 sin nadie al volante? Cierto, tal vez sea la solución para que se acaben los problemas de tráfico de Tiger Woods.

El debate tecnológico tiene en estas fechas especial resonancia en el mundo del béisbol. Las grandes ligas (como les gusta llamarlas) de Estados Unidos arrancaron la semana pasada. Cuentan con una novedad histórica, que algunos denominan robot umpires , los árbitros robotizados.

Los umpires son figuras institucionalizadas en la cultura de EE.UU. Su labor es de gran influencia porque de su ojo depende que cada lanzamiento del pitchet sea ball (a favor el bateador rival) o strike (éxito del lanzador). Gracias a la IA, los jugadores pueden pedir revisiones, que se limitan a dos si ambas son incorrectas. La introducción del VAR es una broma en comparación, por lo que muchos lamentan lo que se avecina.

“La tecnología está sobrevalorada”, escribe Jason Gay en The Wall Street Journal . Sin cerrar la puerta a lo irremediable, “los deportes subestiman los elementos humanos, los tics y las rarezas que los hacen únicos”, matiza.

Francesc Peiron Arques
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