Prismáticos de juguete, espadas de plástico, pizzas, bolsas de chicharrón con salsa picante, aguas, coca-colas y... cervezas. Todos esos estímulos pasean por la grada cuando estás sentado viendo un partido de fútbol en un estadio mexicano. Sí, huelga decir que esas chelas que despistan de lo que pasa en el césped son con alcohol.
Alguien le da una propina al vendedor “para que nos cuide”. Eufemismo que equivale a “para que en el descanso vuelva a traer vasos llenos”. Son de casi un litro.
En México se puede llegar sobrio al estadio y salir bien pedo. Eso es así.
Podrían jugar el Mundial
Aterrizaron jóvenes y buscando un futuro y, aunque ya no juegan en el país, los tres han elegido ser mexicanos
El consumo de alcohol está tan extendido que a nadie le sorprende ya que en el país se decrete la ley seca –no se pueden comprar bebidas en los supermercados y solo sirven en los restaurantes si se sienta uno a comer– durante todo el fin de semana de elecciones para garantizar el correcto funcionamiento.
Lo mejor de México es su gente, amable, hospitalaria y servicial. Cuando uno llega quiere quedarse porque los locales enseguida te acogen. Ya son tus carnales. Lo peor es la violencia y lo que la provoca es ser la puerta de entrada a Estados Unidos. Allí nadie duda de que si hiciese frontera por el norte con cualquier otro país, la película sería otra.
Habría más Fidalgos, Berterames y Quiñones y menos Chapos, Menchos y Jefes de jefes.
La puerta de entrada a Estados Unidos
Allí nadie duda de que si hiciese frontera por el norte con cualquier otro país, la película sería otra
Álvaro Fidalgo nació en España. Germán Berterame es natural de Argentina. Julián Quiñones llegó al mundo en Colombia. Los tres aterrizaron en México siendo jóvenes, por trabajo, para labrarse un futuro. Son futbolistas. Y el país les abrió sus puertas, les abrazó y los convirtió en ídolos.
Los tres han elegido ser mexicanos. Se han naturalizado. Sintieron ese calor, esa llamada. Como antes les pasó a Funes Mori, Vuoso, el Chaco Giménez, Sinha o Guille Franco. Y aunque ninguno sigue jugando en el país (Fidalgo es del Betis, Berterame comparte vestuario con Messi en Miami y Quiñones compite en Arabia Saudí), los tres pueden jugar el Mundial con el Tri, con la selección, si así lo decide Javier Aguirre.
“Tienen aquí una persona, un amigo, para lo que necesiten. Me voy a dejar la vida por todos ustedes”, dijo el Maguito Fidalgo en la piña antes de su debut contra Portugal (0-0). Eso es lo que los mexicanos te brindan: todo. Y así organizarán su tercer Mundial.
Lo que me duele es que ustedes se van a quedar sin ver a Marcel Ruiz, mi jugador mexicano preferido, un medio de mucha clase del Toluca que este mes se rompió el ligamento cruzado anterior y el menisco de la rodilla derecha. Eso sí que es una pena.

Periodista que cubre la información de Deportes en La Vanguardia desde 2006. Vibra con el fútbol y el ciclismo. Asiduo del Camp Nou, de Castalia y de los puertos del Tour

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