La Isla de las Tentaciones: conozca a los 'ingenieros' y las 'catedráticas' de la décima edición

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Cinco jóvenes parejas de novios comenzaron ayer su aventura en Telecinco para demostrar al mundo, e incluso a ellos mismos, que el amor lo puede todo. Incluso el estar durante semanas conviviendo con solteros y solteras ligeros de ropa en una villa lujosa de la República Dominicana, sin otra ocupación que darse achuchones de manera discreta, al menos durante los primeros días.

Al programa acuden parejas con algún asunto pendiente en su relación, generalmente relacionado con los celos. Por alguna razón que se nos escapa, Telecinco parece creer que lo más apropiado para acabar con esas dudas sobre la lealtad de la pareja es meterla en un jacuzzi con personas semidesnudas contratadas, precisamente, para que los celosos acaben embistiendo a cualquier objeto de color rojo, solo que ahora con razón.

El casting de esta edición nos permite presagiar grandes momentos, y eso que el listón del programa ya estaba bastante alto. Como en las ediciones anteriores, entre los concursantes no hay neurocirujanos, controladores aéreos o ingenieros nucleares, por lo que la marcha de la sanidad pública, la seguridad aérea y el sector energético no se van a ver afectados durante las semanas que van a estar en la mansión haciendo el cabra. Las cinco parejas ofrecen, no obstante, perfiles emocionales de cierto interés para garantizar el espectáculo, que es de lo que se trata. Vayamos con ellos.

Atamán y Leila. De las islas canarias. A ella "le gusta gustar" y él, encargado de supermercado, se fue a Ibiza unos meses para reflexionar. En ese periodo ambos estuvieron con otras personas, pero el amor los volvió a reunir y aquí siguen, unidos y dispuestos a probar la firmeza de su compromiso. Leila dijo que no sabe si está enamorada de Atamán antes incluso de entrar en las villas, para sorpresa del pobre muchacho, que no sabía dónde meterse. Darán mucho juego.

Luis tiene 27 años y Julia 29. Ambos están tratando de sacarse una carrera universitaria en los campos de la enseñanza y la psicología, lo que nos permite suponer que no son precisamente estudiantes precoces ni, entendemos, especialmente aplicados. Han consolidado su relación con dos hijas. O sea, dos perros hembra, pero ellos hablan de sus niñas. Julia llora mucho y Luis aún más. Intolerable. A la Isla se viene a sufrir la tentación, haciendo honor a nuestra condición pecadora desde que el ángel nos expulsó del paraíso, y a montar escandaleras históricas en los enfrentamientos cara a cara. Si querían llorar, mejor se hubieran quedado en casa cambiando el empapador a las niñitas.

Christian y Mar. conductor de autobús e interiorista, ocupación esta última que ofrece unas perspectivas amplísimas, como es bien sabido. En prueba de su amor, ella se tatuó las iniciales de su novio en la cara interior del labio. Él, por su parte, lleva tatuada la efigie de Mar en el antebrazo. Lo que dolieron esos tatuajes no va a ser nada comparado con lo que les espera cuando tengan que quitárselos de aquí a unas semanas.

Alex y Ainhoa. Ambos son estudiantes y ella, oh sorpresa, muy celosa, lo que les augura una experiencia llena de lágrimas, escenas de nervios y, quién sabe, venganzas sexuales llenas de crueldad. Alex es campeón de motos acuáticas y, a preguntas de Sandra Barneda, dijo que ha sido siempre muy golfo pero ahora "creo que no tanto". De momento, el tipo es el primero que ha hecho sonar la alarma en la villa de las catedráticas, dicho sea en su honor. Alex no se esconde y el primer día ya ha empezado a mostrar sus cartas. Ainhoa ya quiere irse sin saber que lo más gordo, qué duda cabe, está por llegar.

José y Nerea. Profesionales como la copa de un pino en el competitivo mundo de los realities, de donde provienen los dos. Él trabaja de empleado de seguridad en Ibiza, ocupación que, sin duda, aporta a la relación un grado añadido de estabilidad. Un día José se cansó de Nerea y la dejó por Whatsapp. Ella, entonces, se lió con un amigo de él, pero han vuelto a retomar su relación y ahí los tenemos, gritándose como locos en el primer programa, cuando la bola ni siquiera ha comenzado a rodar.

Habrá cornadas sangrantes, traiciones ficticias y estropicios de todo tipo. Lo que no va a ocurrir, de ninguna manera, es que alguna de las cinco parejas iniciales salga unida al final del programa. Sería una afrenta para los espectadores y un fracaso de Telecinco, que Sandra Barneda y su equipo se encargarán de evitar.

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