Las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo continúan marcando el pulso de los mercados financieros, con el petróleo como principal termómetro del riesgo. El barril de Brent se mantiene por encima de los 115 dólares tras un fuerte repunte en las últimas semanas, impulsado por el temor a una escalada prolongada del conflicto y a posibles interrupciones en rutas clave como el mar Rojo o el estrecho de Ormuz.
El encarecimiento del crudo empieza a trasladarse a la economía real, reavivando las presiones inflacionistas y complicando el margen de actuación de los bancos centrales. Los inversores miran con cautela los próximos datos macroeconómicos, conscientes de que el impacto energético aún no se refleja plenamente en indicadores como el consumo o el empleo, pero sí en las expectativas.
"No es una corrección puntual, es un cambio de régimen", resume el contexto actual Javier Molina, analista de Etoro, en el que el mercado ha dejado de estar guiado principalmente por los datos para pasar a depender de la geopolítica, la energía y la evolución de los tipos de interés. Este giro implica menor visibilidad y una creciente incertidumbre, donde la gestión del riesgo cobra más protagonismo que la dirección de los mercados.
Las bolsas están reflejando este entorno con caídas generalizadas. En Asia, índices como el Nikkei japonés o el Kospi surcoreano han registrado descensos superiores al 3%, mientras que en Europa las pérdidas son más moderadas pero persistentes. El IBEX 35, por su parte, logra resistir cerca de los 16.800 puntos gracias a ajustes contenidos de carteras, pero se deja un 1%, mientras que el DAX alemán y el MIB italiano ceden alrededor del 0,4%, mientras que el CAC de París resta un 0,2%.

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