El Parlament de Cataluña, la casa de la democracia donde no cabe nadie más

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Tras dos décadas de intentos frustrados, la ampliación del Parlament de Cataluña parece ver la luz al final del túnel. La capacidad del retocado palacio del siglo XVIII está al límite desde hace bastantes años pero cualquier proyecto de ensanche siempre topaba con las limitaciones de usos del parque de la Ciutadella y los terrenos del Zoo de Barcelona. El Ayuntamiento de la capital catalana, la Generalitat y el propio Parlament firmaron ayer un acuerdo para que el nuevo edificio ocupe las antiguas caballerizas de la Guardia Urbana, a 300 metros de donde está el hemiciclo, y así el legislativo ganará 13.000 metros cuadrados adicionales. Un plan que sin embargo tardará al menos una década en hacerse realidad.

“En un día de pleno puede haber entre 700 y 800 personas. Hemos llegado al límite”, justificó ayer Josep Rull, el presidente de la Cámara, durante la firma del convenio de colaboración. En dos décadas, el Parlament ha duplicado su número de funcionarios (son unos 200), a lo que hay que sumar la subida en el número de grupos parlamentarios y asesores y la apuesta por realizar más actividades de apertura a la ciudadanía, que implicó 70.000 visitas el año pasado. Jaume Collboni, que antes de ser alcalde de Barcelona fue diputado del PSC, bromeó ayer con que pensaba que jamás vería una ampliación de la que ya se hablaba en su tiempo en el legislativo.

El protocolo, que también suscribió el president Salvador Illa, establece que el Parlament, de acuerdo con el Ayuntamiento, deberá convocar una licitación pública para redactar el proyecto de ampliación. El consistorio, eso sí, participará en la valoración urbanística y arquitectónica de las propuestas. Las caballerizas de la Guardia Urbana, por su parte, se trasladarán a Montjuïc.

La futura construcción, sin embargo, es una pieza más dentro de la intricada organización del parque de la Ciutadella. De ahí que en el convenio se recojan otras modificaciones. Los alrededores de la antigua plaza de armas, enfrente del edificio, se habían convertido en la zona de aparcamiento de diputados y visitantes a la Cámara y ahora el Ayuntamiento espera acabar con ese uso. Dentro de los planes del Consistorio también está la futura apertura de un paso entre la calle Wellington y el paseo Picasso, actualmente bloqueada por el muro del Zoo. También está pendiente un paseo que conecte con la Vila Olímpica.

La decisión de ayer encarrila una necesidad de espacio que ha marcado desde el principio la elección del antiguo arsenal de la fortaleza de la Ciutadella como sede del Parlamento catalán. Su construcción se remonta la primera mitad del siglo XVIII, fue pabellón en la Exposición Universal y también se adaptó como residencia de la familia real. Cuando en 1980 se rehabilitó como sede del legislativo, se enfrentó a varias obras, la más importante la de 2004. Sin embargo, en la casa donde reside la soberanía del pueblo catalán ya no cabe prácticamente más nadie. Solo dos tercios de sus 13.659 metros cuadrados útiles pueden dedicarse a la actividad de la Cámara y de la administración parlamentaria

En 2006, el entonces president Pasqual Maragall, y los líderes del Parlament, Ernest Benach y del Ayuntamiento de Barcelona Joan Clos firmaron un primer acuerdo de ampliación. Entonces se pensaba sacar el Zoo del parque de la Ciudadella y aprovechar ese espacio. Nada se hizo, la crisis de 2008 se llevó por delante cualquier posibilidad.

Desde la legislatura pasada se reactivaron las conversaciones entre el Ayuntamiento y el Parlament para intentar encontrar una nueva fórmula. Sobre a mesa, a parte de la opción de usar las caballerizas, se exploró por ejemplo usar un solar al final del paseo Lluís Companys que pertenecía al Departamento de Justicia o pactar una cesión de usos con alguno de los edificios del campus de la Universidad Pompeu Fabra. También se barajó ubicar algunas oficinas del Parlament en el recinto del instituto ubicado al frente de los jardines o en la capilla castrense, un plan descartado por la dificultad para negociar especialmente con los militares.

El primer encuentro protocolario entre Rull, que llegó a la presidencia de la Cámara en el verano de 2024, y Collboni se saldó con una conjura para desempantanar la ampliación. La opción elegida fue finalmente la las caballerizas, que en su día fueron la galería de máquinas de la Exposición Universal de 1888. Tras la exposición, el inmueble fue parcialmente derribado y quedó afectado por el nuevo trazado de la calle Wellington. En la actualidad se conservan la fachada principal y la parte anterior de las naves. Con las nuevas dependencias, el Parlament prevé ganar cerca de 13.000 metros cuadrados, de los que 10.000 estarían sobre rasante y 3.000 bajo rasante. Quizás en esos subterráneos acaben construyéndose el aparcamiento de los diputados.

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