Sandro Gozi, eurodiputado del grupo Renew, ha sido ponente de un informe sobre las consecuencias institucionales de la ampliación adoptado por el Parlamento Europeo. Responde a La Vanguardia en un momento en que la Unión Europea afronta graves retos geopolíticos, comenzando por las crisis en las relaciones con Estados Unidos.
Los recientes episodios geopolíticos han llenado Europa de que piden que Europa sea más autónoma y menos dependiente de otros países. ¿Es usted una de estas voces?
Es una necesidad absoluta. El orden mundial que conocíamos ya no existe y debemos reinventar una gobernanza global frente a la lógica imperial de Vladímir Putin, Xi Jinping y, ahora, también de la administración Trump. Por primera vez en nuestra historia, los retos no vienen solo del sur y del este, sino también del oeste. Para defender sus valores e intereses, Europa debe reforzar su integración política de manera urgente. En este contexto, la ampliación de la Unión es una oportunidad geopolítica y una necesidad de seguridad: o exportamos estabilidad y prosperidad, o correremos el riesgo de importar la guerra y la inestabilidad que vemos en los Balcanes o en Ucrania. Sin embargo, es imposible que este proceso tenga éxito sin reformas internas previas en la Unión.
Hablábamos de más autonomía en la Unión Europea, pero no todos los países están de acuerdo en esto. ¿Se puede avanzar a dos velocidades?
Tenemos que avanzar a múltiples velocidades. Debemos desarrollar una Europa de voluntad política donde los grupos de países que deseen profundizar en la integración —ya sea en defensa, seguridad o inversiones públicas— puedan hacerlo sin obligar a los demás a seguir su ritmo, pero también sin aceptar que estos bloqueen el progreso. Los tratados actuales ya permiten esta lógica mediante cláusulas como la cooperación reforzada o la de flexibilidad. Si no tomamos estas decisiones dentro del marco de la Unión, los países que sientan esa necesidad acabarán actuando fuera de ella.

Usted es italiano, pero ha sido elegido dentro de un grupo francés. Dos países con puntos de vista bastante diferentes en este asunto. También Pedro Sánchez defendió en este diario que haya grupos de países que trabajen por sí mismos. ¿Se puede?
El coste de la inacción es demasiado arriesgado. Por primera vez, Italia no está en el grupo de cabeza porque Giorgia Meloni es una nacionalista antieuropea que solo colabora cuando puede recibir fondos europeos. Países como España, Francia, Polonia y Alemania deben tomar las riendas y desarrollar esta estrategia. Para iniciar un proceso de modificación de los tratados no hace falta unanimidad; basta con que 14 líderes en el Consejo Europeo tomen la decisión. El mensaje fundamental de mi informe es que debemos empezar a debatir.
Con el debate se contentaría de momento.
El debate, si es constructivo, es totalmente necesario. Y al mismo tiempo tenemos que utilizar todas las cláusulas de los tratados que nos permitan agilizar la defensa europea y los recursos propios. Podemos hacer mucho con el tratado de Lisboa que tenemos. Y debemos también empezar un debate sobre los cambios necesarios del tratado. Por ejemplo, no somos eficaces para prevenir las violaciones al Estado de Derecho en la Unión Europea, como ha sucedido muchas veces en Hungría o en Polonia. Debemos modificar los tratados para prevenir de una manera más eficaz estas violaciones.
Ha mencionado Hungría. Nos estamos acostumbrando ya a que en el Consejo Europeo, António Costa opte por aprobar conclusiones a 26 para evitar el veto húngaro. ¿Este es el camino?
Sí, la integración diferenciada entre los Estados es el futuro. Es la mejor manera de evitar conflictos duros y una forma pragmática de vivir juntos en una unión continental, porque las diferencias actuales son grandes y lo serán más tras la ampliación. Debemos construir una Unión con más poder, eficiencia y democracia, pero no podemos hacerlo con todos los Estados a la misma velocidad. Debemos asumir la flexibilidad como principio político fundamental.
Pero ya es complicado avanzar a 27. A 32 puede serlo mucho más. Al mismo tiempo, la guerra de Ucrania que nos ha sido un poco una llamada de atención de la poca influencia que tiene Europa en su propia vecindad.
La pregunta central no es si debemos ampliarnos, sino cómo hacerlo. Es imposible ampliar la Unión sin reformas porque ya hoy tenemos problemas de eficiencia al ser muchos más miembros en la mesa que cuando la unión era de seis o nueve países. Hoy ya tenemos que llevar a cabo reformas muy importantes de la UE y al mismo tiempo desarrollar una estrategia de ampliación para Ucrania y los Balcanes Occidentales vinculada a reformas internas. Y tenemos que presionar como Parlamento Europeo, el Consejo Europeo y la Comisión, para ir hasta esa dirección.
Es culpa de la Comisión que no se avancen estas reformas que pide usted.
La Comisión ha sido demasiado prudente y esperamos que, con nuestro informe, sea más realista. No es realista decir que podemos ampliar sin reformar. Todas las ampliaciones pasadas —España, Portugal, la del 2004 o la de Croacia— fueron precedidas por reformas internas. Sería la primera vez que hacemos una ampliación de esta importancia hacia Ucrania o los Balcanes occidentales.
Además de superar la unanimidad, ¿qué reformas hacen falta? ¿Qué pide usted a la Comisión?
Reformar el presupuesto de la UE y superar el obsoleto techo del 1% de la renta nacional bruta, que limita la capacidad de actuación europea. También reforzar la legitimidad democrática y los poderes del Parlamento, otorgándole plena autoridad colegislativa y armonizando las normas electorales. Hay mucho trabajo por hacer sobre la democracia, la eficiencia y la cuestión de la unanimidad, que ya hemos debatido. También tenemos que utilizar mucho más las cláusulas del tratado que permiten construir un sistema europeo de defensa entre los Estados miembros que estén de acuerdo, ya sean cuatro, cinco, seis o nueve; el artículo 42 ofrece esa posibilidad.
¿Como la Coalición de Voluntarios para Ucrania, pero para un ejército europeo?
Pero la Coalición de Voluntarios está fuera de la Unión. Para ser más eficaces, tenemos que desarrollar nuevas coaliciones en el marco de la Unión abiertas a cooperar con los británicos o con Canadá. La coalición actual es la prueba de que podemos hacer eso en el marco de la UE y es la decisión fundamental que tenemos que tomar este año.
Hablando de Ucrania, en los últimos borradores de los planes de paz entre Estados Unidos y Rusia se incluye acelerar el proceso de entrada de Ucrania a la UE. Les decimos no a la OTAN, pero puede venir más rápido a la UE. ¿Esto es realista?
Sin reformas, no. Y es original que los americanos y los rusos hablen de la ampliación de la Unión Europea sin los europeos; esa es una decisión que nos corresponde tomar a nosotros. El futuro de Ucrania está en la Unión, pero no creo que por eso debamos desarrollar dos categorías de países, de primera y de segunda liga. No tenemos que inventar una categoría de Estado miembro que no sea completamente miembro; tenemos que poner nuestra energía en reformar la Unión para que sea eficaz el día de la ampliación a Ucrania.
Incluso en esta nos encontramos con el problema de la unanimidad. Hemos visto el veto húngaro a que Ucrania avance en este proceso. Antonio Costa ha intentado buscar la manera de sortear este veto, pero no lo ha conseguido.
Yo creo que si el Consejo Europeo es serio y si 14 líderes deciden abrir la discusión, incluso sobre modificaciones quirúrgicas de los tratados, buscaremos un compromiso al final. El compromiso es imposible si no empezamos a debatir con determinación sobre las reformas que son totalmente necesarias. El papel del Parlamento Europeo es presionar a la Comisión y al Consejo para abrir ese debate.
Cree realmente que con todas las crisis que tenemos cada día, Groenlandia, aranceles, la UE tiene voluntad de hacer este camino?
Si la Unión Europea quiere existir, debe reformarse. Si la Unión Europea quiere ser un observador de las acciones decididas en Pekín, Washington y Moscú, podemos no hacer nada, pero entonces no podremos decidir nuestro destino.
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Publicación elaborada en el marco del proyecto ‘Europa de Vanguardia’, con el apoyo del Parlamento Europeo y siguiendo el criterio editorial de ‘La Vanguardia’

Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).

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