El estudiante que asesinó a una profesora en Calama quería atacar a niños de primer año por ser “blancos fáciles” y “puros”

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El joven Hernán Meneses Leal, que mató el viernes pasado a una inspectora e hirió a otras cuatro personas en un colegio de la ciudad minera de Calama, 1.500 kilómetros al norte de Santiago, tenía como blanco inicial niños “niños de primero básico [primer grado, de entre seis y siete años] y además quien se cruce”, motivado por “odio [al]… capitalismo, misantropía”. Así lo detalló, el fiscal jefe de Calama, Eduardo Peña, durante la presentación de cargos formales en contra del atacante, para lo cual basó su acusación en lo que el estudiante de 18 años —y por lo tanto mayor de edad— escribió en un cuaderno encontrado en su casa y que mostraría que ideó su ataque por al menos cuatro meses.

El fiscal aseguró que el ataque “no fue un acto impulsivo”, sino un “plan meticulosamente orquestado” y que Meneses definió la jornada para su atentado como Dies irae (día de ira, en latín). Aunque estimaba que dejaría entre una y cuatro víctimas en su acción, la cifra “idílica” eran ocho, por el “impacto a nivel nacional” que alcanzaría. El estudiante anotó en su cuaderno que no pretendía “sobrevivir” a su acción, pero que apuntó que el beneficio de hacerlo era “presenciar impacto + fama”, frente a los elementos en contra: “arresto, cadena perpetua, vergüenza”. Así, en caso de salir con vida dijo que buscaría “de forma activa la muerte en reclusión”.

Meneses —quien este martes participó en forma telemática en la audiencia de formalización ya que está detenido en la cárcel de Antofagasta —agredió el viernes pasado con un arma blanca a cinco personas en uno de los patios del colegio Instituto Obispo Silva Lezaeta. A consecuencia de las heridas que sufrió, falleció María Victoria Reyes, de 59 años. Otra inspectora y un estudiante se encuentran desde el viernes hospitalizados en estado de gravedad.

La jueza del tribunal de garantía, Mariana Chiang, ordenó el martes la prisión preventiva en contra de Meneses en la cárcel de Antofagasta, por el peligro que representa para la seguridad de la sociedad y ante la posibilidad de fuga, y fijó en seis meses el plazo para que el Ministerio público investigue y reúna las pruebas del caso.

En su presentación, el fiscal sostuvo que en varias de las armas de Meneses habían inscripciones con referencias a autores de ataques registrados en el extranjero, una muestra de que el joven habría estado inspirado en esos hechos de sangre.

Los delitos que enfrenta el estudiante, según enumeró el fiscal Peña, son los de homicidio calificado consumado, con modalidad de alevosía y premeditación conocida; cuatro delitos de homicidio calificado frustrado, con modalidad de premeditación conocida y alevosía; un delito de ley de control de armas, por tenencia de artefacto o dispositivo con piezas explosivas, y un delito de porte de arma cortante o punzante. Sostuvo que hay circunstancias agravantes como la edad de las víctimas.

Los hechos de violencia comenzaron a las 10.40 de la mañana del 27 de marzo, cuando dos inspectoras le pidieron a Meneses que saliera del baño donde se encontraba encerrado. El joven —vestido de negro, con una capucha y antiparras— salió, pero atacó a Reyes con un cuchillo de unos 30 centímetros. A continuación, atacó a la segunda inspectora, Aidé Moya, de 57 años. Logró atacar a tres estudiantes de 15 años, antes de ser neutralizado por un grupo de estudiantes hasta que llegaron policías de Carabineros.

En las dos mochilas que Meneses llevaba se encontraron cinco armas blancas, entre ellas una catana, una espada estilo japonés, gas pimienta, jeringas con cloro y un artefacto que simulaba ser una bomba, pero que no contenía material explosivo.

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