Si hay alguien que ha vivido como en una montaña rusa emocional paralela a su meteórica carrera esa ha sido Britney Spears. Y si la cantante superó el 2007, que fue el primer y más evidente de los muchos anni horribiles que le ha tocado vivir, se dice que podrá sobreponerse a cualquier cosa.
La princesa del pop, a sus 44 años, ha vivido varios altibajos y crisis públicas a las que ahora se suma una más. La cantante ingresó este fin de semana en un centro de rehabilitación tras ser detenida el pasado 5 de marzo por conducción temeraria mientras circulaba con su BMW a gran velocidad y de forma errática por una autopista cercana a la zona donde reside en Los Ángeles.

La cantante permanecerá en el centro para someterse a un tratamiento por abuso de sustancias. Fue un representante de la artista quien informó en un correo electrónico a Associated Press el domingo que Spears se había internado voluntariamente. “No se trata de una sustancia en particular, sino que tiene un doble propósito. Se trata de que Britney priorice su salud mental y se tome un tiempo para sí misma para concentrarse en lo que es importante para ella”, afirman fuentes cercanas a la artista al medio estadounidense Page Six.
Tras 14 años de tutela de su padre, Jamie Spears, que quedó finiquitada en noviembre del 2021, Spears dejó de lado su carrera musical. No realiza giras desde hace casi ocho años ni publica un álbum desde hace cerca de una década. Además, la última noticia sobre su música es que vendió su extenso catálogo por una cifra próxima a los 200 millones de dólares a Primary Wave, una editorial musical.

La cantante celebró esa venta pasando tiempo con sus hijos, con los que se ha reconciliado en los últimos meses tras muchos años de nula relación.
En el 2021, la artista recuperó el control de sus decisiones personales y de sus finanzas cuando se puso fin a la tutela judicial que había durado casi 14 años. Dos años después publicó sus memorias superventas, The woman in me, en las que abordó sus problemas de salud mental. De su primera crisis del 2007 dijo: “La gente me decía lo que pensaba de mi cuerpo desde adolescente. Afeitarme la cabeza y comportarme mal era mi forma de contraatacar. Pero bajo la tutela me hicieron entender que esos días ya habían terminado [...] Tenía que acostarme temprano y tomar la medicación que me dijeran”.
La imagen de Bitney Spears rapándose la cabeza ella misma el 16 de febrero del 2007 en una peluquería dio la vuelta al mundo y se ha convertido en un icono de la cultura pop. Días después de esa sonada escena la artista protagonizaba otra, esta vez luchando contra los paparazzi con un paraguas aun irreconocible por su sonado cambio de look.

Ese comportamiento provocó su ingreso voluntario en un centro de rehabilitación en el que permaneció menos de un mes. Tras la terapia Britney volvió al trabajo y publicó una carta pidiendo perdón: “Estaba tan perdida. Realmente llegué al fondo. Hasta el día de hoy no creo que fuera alcohol o depresión. Era como un niño malo corriendo con hiperactividad. Tuve un mánager de hace mucho tiempo que venía e intentaba dirigirme la vida después de mi divorcio”.
El mismo año en noviembre, y aún con problemas con su exmarido por la custodia de sus hijos, Brintey Spears lanzaba Blackout –se traduce como apagón o pérdida del conocimiento, en alusión al momento que vivía–, para muchos su mejor álbum de estudio y, según apuntó Rob Sheffield en la revista Rolling Stone en el 2017, el álbum posiblemente más influyente en la industria de la música pop de la primera década del nuevo milenio. Los múltiples problemas personales de Britney y su conocida actuación en los premios MTV en la que se la veía desorientada e incapaz de seguir la coreografía no consiguieron eclipsar el éxito de ese álbum, su imagen sí se vio dañada y durante algunos años ha sido recordada por sus excesos.

Pero lo peor estaba por llegar. Fue en enero del 2008 cuando la cantante se negó a que sus hijos regresasen con su padre tras una visita. La policía se presentó en su casa y consideró que la cantante estaba bajo los efectos de una sustancia ilegal, algo por lo que fue internada en el hospital psiquiátrico, su número de paciente era el 5140. En ese momento fue en el que Britney, a sus 27 años, quedó bajo la tutela legal de su padre.
En sus memorias también habló de un internamiento en rehabilitación del que no había constancia pública, en el 2014. Según relata en el libro, no sucedió por drogas duras, sino por algo tan leve como tomar suplementos energéticos. Y, de nuevo según su relato, la habrían internado con personas con adicciones graves, algo traumático.
Tras esos fatídicos años asistimos al renacer de la artista. Los vídeos de sus ejercicios en Instagram, la gira mundial Britney: Live In Concert y la anunciada segunda residencia de conciertos en Las Vegas apuntaban a que la artista seguía en plena forma. Pero entonces anunció que se retiraba “indefinidamente” de la música a principios de enero del 2019. Dos meses más tarde, sucedía un nuevo ingreso en una clínica de salud mental, también de manera voluntaria.
En ese momento se dijo que el ingreso se debía a la angustia emocional y el estrés extremo causados por la grave enfermedad de su padre, pero su batalla posterior en los tribunales apuntaron a que no fue así. Aunque ese se describió como un ingreso voluntario, la noticia impulsó el movimiento #FreeBritney. Fue ese anterior ingreso el inicio del fin de la tutela paterna, algo que entonces se presentaba como el gran problema de la artista por los fans. Cientos de vídeos bizarros en las redes sociales después, Spears ha vuelto a pedir ayuda profesional.

Hace 3 días
1







English (US) ·