Cuentan que el mítico tiroteo en OK Corral en la ciudad de Tombstone, en Arizona, en 1881, que el cine ha inmortalizado en westerns inolvidables, duró en realidad solo treinta segundos, en los cuales, eso sí, se realizaron treinta disparos. Hay dudas de si fue un duelo en igualdad de condiciones, como aparece en las películas, o si Wyatt Earp y Doc Holliday, los agentes del orden, acribillaron por sorpresa a unos vaqueros con los que llevaban tiempo enfrentados. En todo caso, el episodio ha pasado a la leyenda como uno de los momentos que definen el conflicto entre la ley y los bandoleros en aquellos tiempos violentos.
Nada que ver con la España del 2026, por muy crispada que esté la política, donde los enfrentamientos abundan demasiado, tal vez con más descalificaciones que argumentos, pero siempre a través de la palabra y, por supuesto, del tuit. Sánchez y Feijóo podrían ser dos protagonistas de otro tiroteo metafórico al estilo del de O.K. Corral, con su duelo casi cotidiano en el que vale casi todo. Sirva de muestra la entrevista de este domingo en “La Vanguardia”, de un Feijóo que califica a su rival de personaje muy conflictivo.
O también, si nos centramos en el interior del Gobierno de coalición, lo podrían ser el flamante nuevo vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, y la vicepresidenta tercera y responsable de Trabajo, Yolanda Díaz. Un duelo en el que no me atrevería a apuntar quién representa a los sheriffs y quién a los vaqueros; un duelo en el que Cuerpo, con el reciente nombramiento, sale mejor pertrechado; y en el que Díaz, con su anunciada no continuidad en primera línea de la política, dispone de menos munición.

Lo cierto es que estos enfrentamientos vienen de lejos. Cuerpo los ha heredado de su predecesora Nadia Calviño, que tuvo también unos rifirrafes célebres y continuos con Yolanda Díaz. Ahora, el último episodio se centra en el nuevo registro horario, con Díaz acusando a Cuerpo de boicotear la norma a través de sus informes al Consejo de Estado que, con las aportaciones de Economía, de otros ministerios y de la Agencia de Protección de Datos, ha emitido un dictamen demoledor. Consultivo, es verdad, pero que supone un golpe duro al futuro de este registro, que es la gran carta de Díaz en su etapa final en el ministerio. Un registro, recordemos, que ya es el plan B después de que su proyecto estrella, la reducción de jornada, fuera derrotado en el parlamento.
La tesis de Economía es que compra el fondo de la idea, pero cuestiona el procedimiento. Lo detalló el vicepresidente este domingo en “La Vanguardia”, pidiendo una adaptación especial paralas pymes. La interpretación de Trabajo es que estos argumentos no son más que una excusa para el objetivo de fondo, hacer naufragar el proyecto.
Lo que hay que reconocer a los dos contendientes es la fidelidad a su estilo. La agresividad de Díaz, con declaraciones públicas incisivas, como las de que su rival es casi una mala persona o que hace el juego a la patronal; frente a la moderación de Cuerpo, al que no se le recuerda una declaración subida de tono, pero que controla el organismo en el que se deciden los temas que van al Consejo de Ministros y que es excelso en la elaboración de informes críticos con los temas en los que discrepa. Ya como vicepresidente primero, insiste en que va a seguir tendiendo la mano, intentando llegar a acuerdos. El tono moderado de siempre.
Cuerpo, con su nombramiento, sale mejor pertrechado. Díaz, con su anuncio de retirada de la primera línea política, dispone de menos munición
La deriva que van a tener las relaciones entre los dos vicepresidentes a partir de ahora es una incógnita, aunque este Gobierno está acostumbrado a convivir con tensiones entre sus miembros. Ahora Cuerpo es vicepresidente primero, pero Díaz señala que en temas como el registro horario tiene el apoyo explícito de Pedro Sánchez, y que ya en ocasiones anteriores el presidente ha corregido el rumbo del ministro de Economía. Un amago de recurrir al número uno para sortear al flamante número dos.
Pronto vamos a tener pistas sobre esta relación, por ejemplo, con el paso del polémico registro horario por el Consejo de Ministros, pero lo que sí parece claro es que el proyecto ha sufrido un golpe de grandes proporciones con el dictamen del Consejo de Estado, que lo deja, como mínimo, en posición de gran debilidad ante los futuros y seguros recursos judiciales que la patronal introducirá en el momento en que entre en vigor.
La paradoja de este registro del horario es que lo que desde siempre era una fórmula para controlar que los trabajadores cumplieran con las horas que les tocaba realizar, ahora se va a transformar en un mecanismo para evitar los abusos, las horas extras no pagadas. Una realidad que los datos demuestran y que Trabajo quiere limitar con esta iniciativa.
Sorprende la dureza del dictamen del Consejo de Estado sobre el registro horario
Las críticas del Consejo de Estado son muchas, pero las principales se centran en considerar que la medida no se puede aplicar con un real decreto, es decir, sin pasar por el parlamento; que hay riesgo de violación de la protección de datos; y que no se particulariza el impacto por sectores o por tamaños de empresas. Lo cierto es que, si me permiten la expresión, el dictamen no deja títere con cabeza, con incluso dudas de si hay pruebas del alcance del abuso de las horas extras, lo que ya es dudar mucho, cuando la Encuesta de Población Activa (EPA) marca dos millones y medio de horas extras no pagadas por semana.
Hay críticas con peso, aunque hay también otras más discutibles, como cuestionar el modelo digital único por las dificultades para conectarse a internet en algunas zonas rurales o en el mar. Francamente, un poco débil el argumento en un mundo cada vez más digitalizado y donde la IA está revolucionando también el ámbito laboral. Más sólido parece, como también hace el dictamen, reclamar más refuerzo del derecho a la protección de datos. En definitiva, que pasar de los tornos y el registro de papel a un sistema digital, objetivo, fiable y accesible, como se proclama, se está demostrando complicado.
A partir de ahora, Trabajo, además de culpar a Economía, ha anunciado que introducirá cambios, pero mínimos, y lo tramitará al Consejo de Ministros, algo que debería ocurrir en las próximas semanas. Entonces, podría verse otro episodio de nuestra recreación local del O.K. Corral.
Por cierto, en la realidad de Tombstone del siglo XIX, aquel duelo no cerró el enfrentamiento. Hubo venganzas posteriores, y más heridos y muertos. Wyatt Earp y Doc Holliday, los más famosos de esa historia, siguieron disparando. Pero eso ocurrió en un muy lejano oeste.

Redactor jefe de la sección de Economía de La Vanguardia

Hace 2 días
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