Cuatro años después, la selección española volvía a disputar un partido en Barcelona. Y no uno cualquiera, sino el último antes de que el seleccionador, Luis de la Fuente, ofrezca la lista definitiva de los jugadores que acudirán al Mundial de este verano que se disputa en Estados Unidos, México y Canadá.
El ambiente, que en la previa del encuentro estaba siendo festivo con miles de personas alrededor del RCDE Stadium deseando ver de nuevo en directo al combinado español, acabó degenerando en lamentables insultos racistas, en ocasiones nada minoritarios. Cabe recordar que el España-Egipto debió jugarse en Doha en un principio pero que, debido al conflicto bélico en Irán, acabó cambiando de sede.
En los prolegómenos del partido se esperaba un recibimiento hostil para Joan Garcia tras abandonar el Espanyol el pasado verano rumbo al Barça, pero quienes recibieron de entrada fueron los egipcios con una sonora e inopinada pitada a su himno por parte de la grada antes de que se escuchase el español. El portero de Sallent también recibió algunos silbidos cuando apareció su rostro en el videomarcador. Previamente, el meta culé había sido abucheado por parte de la grada cuando se encontraba practicando pases en el calentamiento junto a los otros dos suplentes en el día de ayer: Unai Simón y Álex Remiro. Lo peor estaba por llegar. Y no fue contra el portero culé.
Antes de alcanzar el minuto 10 del encuentro, un cántico racista que surgió desde el Gol Cornellà se acabó propagando y escuchando en muchas partes del estadio. “¡Musulmán el que no bote!”, coreó la grada durante unos segundos en un grito que fue repetido en el minuto 23, justo después de la ovación y los aplausos hacia Dani Jarque. Lamine Yamal, uno de los futbolistas más aclamados antes de empezar el partido y que respondió al cariño de la afición española con aplausos al RCDE Stadium, es musulmán.
De nada sirvieron las advertencias que se escucharon por megafonía antes de que arrancase el encuentro entre España y Egipto en las que se instaba a dejar el racismo fuera de los estadios. Además, antes del paso por vestuarios, desde la grada, con varias banderas con la cruz de Borgoña, enseña utilizada por la extrema derecha, también se escucharon los cánticos “¡Pedro Sánchez, hijo de puta!” y “¡Gibraltar español!”.
En cuanto el árbitro pitó el final de la primera parte, la megafonía y el videomarcador del RCDE Stadium volvieron a hacer acto de presencia para emitir un contundente mensaje: “Se recuerda que la legislación para la prevención de la violencia en el deporte prohibe y sanciona la participación activa en actos violentos, xenófobos, homófobos o racistas”. Ante tal panorama, representantes de seguridad de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) acudieron al Gol Cornellà para tratar de frenar los gritos racistas y ofensivos de los aficionados ultras allí presentes.
Miembros de seguridad de la Federación acudieron al Gol Cornellà para tratar de frenar los gritos racistas
El llamamiento a la calma no surtiría mucho efecto. Nada más arrancar el segundo tiempo se volvió a corear el “Musulmán el que no bote”, obligando de nuevo a poner el mensaje en el videomarcador y a través de la megafonía del estadio. Aunque, eso sí, en esta ocasión el grito racista despertó la reacción de gran parte del público silbando a los que realizaban ese cántico.
A través de X, la Federación también remarcó su posicionamiento. “La RFEF se suma al mensaje de nuestro fútbol contra el racismo y condena cualquier acto de violencia en los estadios”, aseguró el organismo en un breve y conciso mensaje.

Hace 18 horas
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