Al tercer juego, Carlos Alcaraz interpreta que esta historia, la de su debut en el RCTB, no va a ser un paseo en carroza.
Como él mismo dice, en este martes va a tener que ensuciar de tierra (o de barro) las zapatillas.
Otto Virtanen (24) es el 130.º del mundo pero sirve como un demonio, ronda los 200 km/h, incluso se va a 225 km/h, y coloca dentro muchos de esos primeros saques.
El finlandés juega como le juegan todos los rivales a Alcaraz (“todos lo dan todo cuando me tienen delante”, se lamentaba Alcaraz semanas atrás, en Miami), y ha despachado en blanco su primer juego al servicio, así que el murciano debe elevar el nivel un punto, acelerar el saque y acorralar al finlandés.
Al fin es primavera en Barcelona –cuánto se ha alargado la espera–, y la parroquia quiere sol y también quiere a su icono contemporáneo (ahora que se ha marchado Nadal, ahora que se alumbra Landaluce pese a su derrota ante Musetti, ahora que asoma la cabeza Jódar), y por eso él mismo, el mismo Alcaraz, vocea:
–¡Vamos!
Alcaraz vocea tras salvar una bola de rotura, cuando el gigante finlandés (1,93m, así son ahora un buen abanico de tenistas, Landaluce lo reconoce: “La estatura es decisiva ahora y lo será más en el futuro”) manda fuera un golpe y eventualmente se doblega, pero no hay manera, no se deja.
–Me ha costado sacar adelante los primeros juegos, me faltaba ritmo, apenas he tenido una hora de entrenamiento aquí esta mañana; supongo que he notado la falta de descanso desde Montecarlo –dice Alcaraz más tarde, cuando todo ha acabado y se ha llevado al fin el choque, por 6-4 y 6-2, en 1h25m.

Pero antes, el relato.
El relato es interesante y también tiene un sesgo inesperado.
Ni una sola vez había aparecido el nombre del finlandés, de Virtanen, en la rueda de prensa del murciano en la víspera, y el cronista no sabe cómo tomarse ese dato: o Alcaraz no ha estudiado al finlandés, o no le considera un rival de peso.
–Sí que le conozco, le sigo desde hace tiempo –nos desdice el murciano.
“Tengo que ver qué ha pasado con esa muñeca, por suerte tengo un día de reposo”, dice Alcaraz
Y sin embargo, y durante un buen rato, la cosa pinta regulera.
Virtanen sigue sirviendo con potencia, recorta los puntos, no quiere rallies largos sino vértigo y caos, y Alcaraz continúa enredado y no despega, y a los tres cuartos de hora, tras lograr un esforzado 5-4 a su favor, llama al fisioterapeuta mientras el juez informa a la hinchada:
–Alcaraz ha pedido tiempo para recibir asistencia médica –comunica el árbitro.
Asustados, aficionados, cronistas y cámaras nos cruzamos las miradas.
Se asoman las dudas.
¿Y si...?
Y entonces, Alcaraz cierra el debate: nos demuestra el porqué se halla en la cima del tenis. Cuando regresa a la pista, rompe al fin el servicio del finlandés y a partir de ahí, ancha es Castilla. Se apropia de la primera manga a los 55 minutos y la grada respira, aliviada.
–Son molestias que salen. Ya han estado allí otras veces. Tendremos que ver qué hay ahí, las he sentido en la muñeca y tenemos que analizarlo con mis médicos. Por suerte, mañana (por hoy) no tengo que jugar –dice.
Durante tres cuartos de hora, el finlandés se crece, juega al límite, como hacen todos ante el murciano
Bajo esos parámetros, el desenlace es extraño.
Virtanen ya no puede más, se vuelve fallón y pesaroso, y ahora no consigue llevar el partido a su terreno: Alcaraz toma el mando, alarga y recorta a su antojo, interrumpe un rally con una dejada, y el gigantón se tambalea, definitivamente se evidencia el abismo en el ranking que separa al uno del otro.
Cuando abandona la pista Rafa Nadal (“cuando despertó, el dinosaurio aún estaba ahí”), Alcaraz parece también aliviado. Posa para la parroquia, firma autógrafos a las criaturas, posa para las autofotos y se retira a los cuarteles de invierno. Tiene un día de reposo, el de este miércoles.
Y este jueves, Tomas Machac.

Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'

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