La dicha nunca es completa y si no que se lo digan al Ayuntamiento de Barcelona. La buena marcha de los clubes de fútbol de barrio de la ciudad, con el ascenso a Primera Federación del CE.Europa la temporada pasada y de la UE. Sant Andreu el pasado domingo, está provocando un auténtico quebradero de cabeza al Consistorio barcelonés.
La norma impuesta por la Real Federación Española de Fútbol de que todos los partidos de esta categoría se disputen en campos de hierba natural ya obligó al Ayuntamiento de Barcelona a habilitar para el equipo gracienc las instalaciones municipales de Can Dragó, en el distrito de Nou Barris. Y de cara a la próxima campaña el problema se puede repetir con el cuadro andreuenc.
Una solución que baraja el gobierno municipal, tal y como reconoció en Rac 1 el concejal de Deportes, David Escudé, es que los dos clubes, entre los que existe una enorme rivalidad, compartan al menos durante la próxima temporada el improvisado estadio de Can Dragó.
No es la única opción que está sobre la mesa pero, en cualquier caso, la fórmula de un San Siro a la catalana no convence ni a escapulados ni a cuatribarrados . En el estadio comunal de San Siro o Giuseppe Meazza, propiedad del gobierno local de Milán, se alternan los dos grandes clubes de la capital lombarda. Y no es que Inter y Milan se lleven precisamente bien. Vamos, como el Europa y el Sant Andreu.
En Barcelona, tanto el Nou Sardenya como el Narcís Sala son de titularidad municipal, al igual que el recinto de Can Dragó. La posibilidad de que, para cumplir con la obligatoriedad de la hierba natural, Europa y Sant Andreu se turnen en el exilio de Nou Barris ya fue rechazada de manera muy contundente en declaraciones a Betevé por Manuel Camino, presidente institucional del segundo club, nada más conseguir el domingo el ascenso a Primera RFEF. “Nosotros no cabemos en Can Dragó. ¿Cómo quieren que vayamos a jugar allí. Somos el Sant Andreu y no tenemos nada que ver con el Europa. Somos de un barrio obrero y ellos son de otros estatus social”, manifestó dejando clara la más bien escasa simpatía que se profesan estos dos clubes históricos de Barcelona, que la temporada que viene volverán a enfrentarse, esta vez en la tercera categoría del fútbol español.
La solución más fácil está en manos de la Federación Española y pasa por un cambio en la normativa que permita disputar la Primera RFEF en campos de césped artificial. El Europa se benefició de una moratoria de seis meses que le permitió jugar la primera parte de la temporada en su feudo tradicional, pero después tuvo que marchar al exilio de Can Dragó, un exilio que hoy por hoy no tiene fecha de caducidad. Ahora, el Sant Andreu está en las mismas que su eterno rival y presiona al Ayuntamiento hasta el punto de solo le falta convertir el No nos moverán en el himno del club.
La presión a Collboni también se empieza a notar desde las filas de la oposición municipal. El grupo de Junts ha anunciado la presentación en el pleno del Ayuntamiento del viernes de un ruego dirigido al alcalde para que “el gobierno municipal asuma, con carácter de urgencia, el compromiso político y la dotación presupuestaria necesaria para ejecutar las obras de adecuación integral del estadio Narcís Sala”. Es el mismo ruego, en este caso por escrito, que elevará al alcalde el grupo de BComú. Unos y otros consideran que el alcalde ya va tarde.

Periodista catalano-brasileño. Redactor jefe de la sección Vivir. Más de media vida en La Vanguardia

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