Enrique Bunbury descubrió tarde las cosas importantes. Ve el vaso a medio llenar y, lejos de lloriquear por los años que pasan, celebra el paso del tiempo en De un siglo anterior, su decimocuarto álbum de estudio, del que ya adelantó cuatro singles y en el que ofrece una biopsia musical y lírica exquisita de su momento vital, mirando a la música hispanoamericana con amor y devoción. En Libertad Digital ofrecemos un brindis al sol con un artista inmenso. Sin que nada nos turbe ni nos espante.
Nos cuenta Bunbury que no tiene demasiadas certezas –"Uno tiene certezas sobre a quién ama y sobre algunas pasiones artísticas"– y que huye de las presuntas verdades pétreas: "Si tienes un poco de curiosidad y no te importa replantearte tus propias convicciones, vas evolucionando. Yo lo he hecho en mi vida profesional. Mi forma de ver ciertas cosas ha ido cambiando. Desde lo más espiritual hasta lo más social y político. Vas matizando".
Aunque cree en él mismo, también tiene sus momentos "de estar cabizmundo y meditabajo". Celebra "el privilegio de hacerme un hombre maduro" y espera "tener el privilegio de hacerme un hombre anciano". De un siglo anterior es "un disco luminoso, positivo" que pretende "contradecir un poco todas esas voces apocalípticas que abundan a nuestro alrededor".
El artista lamenta la persecución que padece el misterio: "En cualquiera de los mundos, intentamos que desaparezca el misterio. En el mundo paranormal, intentamos que alguien nos convenza que esos ruidos que suenan arriba de cadenas, con la voz de un fantasma, pertenecen a las cañerías. O que no hay presencia en este mundo de nada que nos pueda hacer creer en algo superior a nosotros y, por tanto, espiritual. Pero también en cuanto a la creación. Nos encantan los making off de las películas para ver cómo hizo Scorsese la toma de tal… Yo no quiero saber cómo lo hizo. Me quiero dejar llevar por la magia. No quiero que me desvelen el interior de un artista o de una canción".
También critica el fanatismo científico que "saca las cosas de quicio totalmente": "Esto lo unimos con lo del misterio y pienso que el fanatismo científico, muchas veces, se obsesiona por quitarle misterio a las cosas". Bunbury recuerda que "la misma ciencia en sí misma tiene algo misterioso y maravilloso": "Todo lo que queda por saber y por descubrir. Eso debería acallar los fanatismos".
Hombre que rara vez mira "al ser humano de un lado o de otro como mis enemigos" y que asume "que todo es temporal y que, además, en el arte es muy difícil pertenecer a ese grupo selecto que marcan una época", Bunbury reconoce, preguntado por la canción que cierra el álbum ("Un par de acordes"), que "todos los músicos, y los creadores, en general, somos unos tramposos": "Somos unos mentirosos que jugamos con los elementos que tenemos a nuestro a favor, que son, en el caso de la música, la melodía, la armonía y el ritmo, y unas palabras que te hacen, normalmente, quedar bien. Cuando haces una canción de despecho, está claro quién te ha dejado tirado y quién se ha portado mal contigo".

Hace 2 horas
1









English (US) ·