Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, ha advertido que está preparada para volver a subir los tipos de interés si la inflación repunta significativamente. Esto significa frenar el crecimiento económico y destruir empleo. Un profit warning en toda regla: ¡La UE se enfrenta a una estanflación! Lo peor que nos puede pasar.
La economía podría entrar en una etapa de bajo crecimiento, altos precios y aumento del desempleo si el conflicto en el Golfo no finaliza pronto. Ante este contexto de incertidumbre, es esencial que los gobiernos prioricen la gestión responsable sobre consideraciones electorales. Esto implica focalizar las ayudas públicas en quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad, mientras que el resto de la población deberá afrontar las consecuencias económicas derivadas de la guerra. No nos queda otra. Hacernos trampas al solitario solo aumenta la deuda, como ocurrió con la guerra de Ucrania. Carlos Cuerpo, nuevo vicepresidente, dijo haber aprendido de Nadia Calviño y de María Jesús Montero. Habría que esperar que en esta ocasión actúe de forma diferente ante un posible shock petrolífero.
La mejor forma de ahorrar energía es aceptar los precios del mercado
Con el fin de evitar las protestas y el desgaste político causado por los altos precios de los combustibles, el Gobierno de Pedro Sánchez decidió subsidiarlos. La medida condujo a un aumento en el consumo, un mayor gasto público y a un fuerte incremento de la deuda situándola entre las más altas del mundo.
La mejor forma de ahorrar energía es aceptar los precios del mercado, aunque suban por factores como la guerra del Golfo. Es cierto que provoca aumentos en combustibles, transporte y productos finales, generando mayor inflación. Si los salarios se incrementan para mantener el poder adquisitivo, los empresarios trasladan esos costes a los precios, perpetuando el ciclo inflacionario; un proceso que puede llevar a la hiperinflación, como sucedió en Argentina, Venezuela o Alemania en la República de Weimar.
Una solución sería un pacto de rentas como el que propuso Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España, que el Gobierno rechazó porque era impopular. El acuerdo limitaría todas las rentas (salarios, beneficios y pensiones) al 2%, objetivo de inflación, excepto para la población vulnerable, que recibiría subsidios mediante impuestos.
Ni Carlos Cuerpo ni Pedro Sánchez desean recorrer este camino, especialmente en medio de un ciclo electoral. El primer conjunto de medidas, claramente insuficiente, ha consistido en reducir los impuestos sobre los combustibles para mitigar parte del impacto, aunque ello implique que Hacienda recaude 5.000 millones menos. Si la guerra no concluye pronto y el estrecho de Ormuz no se reabre después del 6 de abril –fecha límite impuesta por Donald Trump al Gobierno de los ayatolás–, la situación podría empeorar más que mal. Ante esta situación es recomendable aprovechar los días de Semana Santa para rezar.

Hace 21 horas
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